Aterrizar en Tenerife en navidad ofrece a los viajeros un chrisma natural, un paisaje vivo de naturaleza y esplendor.
Este abanico de colores se complementa en las última noche del año con los estallidos de los fuegos artificiales que suben al cielo tinerfeño. Se diría viendo esta celebración que aquí, más que en otro sitio, dan la bienvenida al nuevo año como si de una nueva vida se tratara, una renovación de energía.
Despertar en la isla con la visión del Teide nevado y el sol abriéndose paso es una estampa que supera lo imaginado.
El Teide, un volcán que, con sus 3.718 metros de altitud, vigila altivo sus dominios marinos desde el centro de la isla. Los guanches lo llamaban Cheide y creían que el demonio Guayota tenía en él su morada.Este gran icono dormido es patrimonio de todos los canarios y el volcán más conocido, pero lo cierto es que este ...