Decía D. Quijote “No andes, Sancho, desceñido y flojo; que el vestido descompuesto da incidios de ánimo desmazalado“. Con ello Cervantes ilustra la transcendencia de tan cotidiano asunto.
De forma intuitiva sabemos que la imagen personal influye en cualquier acto de comunicación interpersonal y si en este, además, nos jugamos una venta, pasa a tener mayor relevancia. Lo que ocurre es que nos fijamos de forma consciente en los detalles de la imagen cuando lo que observamos no nos cuadra con lo que esperamos. Probablemente no repararemos en el aspecto de un comercial de una entidad financiera si le vemos vestido de traje de chaqueta azul marino, corbata celeste y camisa blanca (aunque no le quede bien) pero sí nos percataremos de su imagen en caso de que lleve un piercing, barba de tres días, la camisa desabrochada con el vello del pecho sobresaliendo, etc.
Para una entrevista comercial o cualquier acto ...