Hasta mediados del siglo XVII los arquitectos no se dedicaron a construir habitaciones para la gente del pueblo ni tampoco para la pequeña burguesía; estas dos clases, no tenían aun gran importancia en la vida ciudadana.
En Francia, por ejemplo, podía considerarse feliz el comerciante o burgués que dispusiera de una vivienda con las siguientes comodidades: una planta baja, a veces un subsuelo con cocina, piezas de servicio y sala de trabajo, un primer piso con una gran sala de recepción y sus propias habitaciones.
Con el reinado de Luis XV, nuevas distribuciones se realizaron en las viviendas que exigía la nueva sociedad y el nuevo gusto del momento, como deja por escrito el arquitecto Patte.
“Todas estas agradables comodidades que hacen de nuestras viviendas lugares deliciosos y encantadores no han sido inventadas más que en nuestros días”
Se fija la distribución de las habitaciones distinguiendo la alcoba, el salón, la antecámara, el despacho, ...