Lo más impresionante de la figura de Mariana Pineda es que era una mujer de lo más normal. Nunca fue una activista, ni una ideóloga, ni siquiera una conspiradora. Es cierto que tenía simpatías liberales, que muchos de sus amigos y parientes eran destacados opositores al régimen absolutista, pero Mariana nunca tuvo un papel destacado. Se limitaba a hacer de anfitriona de sus reuniones, y a prestar auxilio a los liberales necesitados.
Prestar sus salones y hacer caridad. El papel que jugaría cualquier señorita bien de la época. Con la única diferencia de que Marianita estaba sola. Hija natural de un hidalgo y una labradora, cuando solo tenía un año Mariana quedó huérfana y a merced de su tutor, un tío suyo, que la despojó de su herencia. Se casó a los quince años y quedó viuda y con dos hijos a los dieciocho. Desde entonces hasta su muerte, Mariana tuvo ...