Me despierto y enciendo la radio. El 9… el 7… el 5… el 0… el 2… el 1… 975.021, 24.000 eurosssss…
Busco mi cartera corriendo. No la encuentro. Mal comienzo. Mi bolso es un desastre, todo está revuelto y prometo que si me toca la lotería, me compraré uno grande con compartimentos. Eso es una maleta. Bueno, pues es igual, pasearé con maleta por la calle; pero que me aparezca el billetero. ¡Uf!, aquí está. Lo abro y… ¡horror!, no hay décimos ni céntimos ni nada. Me robaron, me robaron… Llamo enseguida a la policía. Vaya, que me pase por Comisaría. No puedo, que tengo la pierna escayolada. ¡Anda!, si no salí de casa, ¿cómo me van a robar?.
Sigue la cancioncilla de los números, que se me mete por las orejas, y yo sin saber qué pasa con mis cosas. Cada vez salen premios más altos. Seguro que uno es mío ...