Cuando oigo y leo comentarios sobre la banalidad de la indumentaria y la poca importancia del aspecto físico dentro del conjunto del individuo, pienso que quien lo dice tiene pocos conocimientos sobre cómo se construye la imagen de una persona en la mente de los demás. La vestimenta nos define, identifica y nos separa o iguala a otros. Decidimos vestir igual que nuestro grupo en las tribus urbanas o bien llevar un estilo propio no sujeto a modas. Diferencia la profesión a la que nos dedicamos, por ejemplo a un consultor y a un camionero. Prejuzgamos según el aspecto físico. Pero, en esta ocasión, quiero centrarme más en el hecho social del vestuario que en la parte de comunicación personal que supone.
En nuestra sociedad, lo elegimos según nuestra subjetividad. Recalco lo de “nuestra sociedad” porque continuamente conocemos hechos que nos hacen llevarnos las manos a la cabeza y pensar en ...