Los efectos de la crisis desatada por las hipotecas americanas de mala calidad se ha hecho sentir, en mayor o menor grado, en todo el mundo. En España empiezan a notarse bastante, pero eso no es nada comparado con lo que pasa en otros países.
Islandia, por ejemplo, se ha declarado en bancarrota. Tanto es así, que le ha pedido a la también apurada Rusia un préstamo de 4.000 millones de euros para poder salir de sus dificultades financieras. Mientras llega la inyección de capital salvadora, el gobierno islandés, con su primer ministro, Geir H. Haarde, a la cabeza, no ha tenido más remedio que nacionalizar todos sus bancos y declarar insolvente al estado islandès.
Es el primer país en hacer algo semejante en toda la historia. Pero, dejando aparte lo pintoresco de la historia, el efecto dominó provocado por las conexiones cada vez más fluídas entre las economias de los diversos países ...