Sí, la fila para ver la ampliacion del Prado suponía mínimo una hora de espera. Y yo me pregunto: ¿Por qué solo el Prado logra congregar a tales masas?
Dejando al margen sus portentosas obras ¿qué estrategia sigue para dejar en la sombra carcelera al resto de galerías? Tal vez la palabra mágica para responder a estas preguntas se llama “publicidad”, “publicidad” y más “publicidad” invasiva, para mi gusto. Estoy de acuerdo: el Prado es una de las mejores pinacotecas del mundo, (personalmente lo adoro), pero tal vez no nos demos cuenta de que su exacerbada difusión ensombrece la calidad y promoción del resto de museos de Madrid. Por ejemplo, ¿cuantas personas que se dirigían al susodicho han pasado por una pequeña puerta decorada con un galeón de hierro forjado? -qué mono, ¿verdad?- bueno, déjate de barcos y date prisa que ya veo la fila desde aquí. Bien, este grupo ...




