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Esas adolescencias…

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 Artículo de Mamen Hernandez
Lo confieso, muy a mi pesar pero lo admito. Me rindo, mis neuronas no dan más de sí y caen exhaustas por el trote diario al que están sometidas. Jamás se me ocurrió pensar que diría estas palabras a consecuencia de la dura experiencia que conlleva sobrevivir con una adolescente, en este caso mi hija, aquel querubín de cabellos rizados que andaba por la casa pensando que su dulce mamá era la más guapa, la más buena, la más lista.

Tengo los pies en la tierra, sabía de sobra que ese tiempo de almibaradas avenencias se esfumaría ante los prolegómenos de su pubertad irremediable, pero lo que nunca imaginé es que mi relación con ella se iba a convertir en un ring cuadrangular en el que las dos, como púgiles profesionales, nos íbamos a asestar los golpes más bajos, sin orden ni concierto, llevadas por mi cansancio y su eterna rebeldía.

Me he convertido, de la noche a la mañana, en esa madre gruñona a la que nunca quise parecerme. Detesto esta metamorfosis que transforma, sin piedad alguna, lo que de equilibrada y razonable, como buena libra, creía tener. Me siento paleolítica, como uno de esos dinosaurios enormes que duermen en los museos.

Aunque paso el día discutiendo, amenazando, dictando órdenes, vigilando, también la digo, todas la veces que mi estado de ánimo lo permite, que la quiero ¿Cómo no hacerlo? , pero reconozco que esta adolescencia me supera, y espero que pase antes de que la premenopausia vaya volviendo locas a mis dormidas hormonas, porque sino… ¿qué será de nosotras?

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1 Comentario

Miguel dejó un comentario el 27 Septiembre 2008 a las 18:30
  1. Hola, soy otro adolescente mas… bueno, en primer lugar, entiendo tu situación, y también la suya. Vamos a ver, la adolescencia (también llamada edad del pavo) puede ser la flor de la vida, o la peor de las edades dependiendo del punto de vista. Esto es por que, a pesar de la diversión del adolescente, se requiere una mayor atención del padre/madre y también una mayor responsabilidad en el. Cuando nosotros nos vemos en una situación difícil de comprender, no recurrimos a la ayuda de nuestros padres (gran error) simplemente acudimos al amigo más cercano en el que confiamos mas, sin tener en cuenta que él/ella, no va a sernos de gran ayuda, a parte de que no va a comprender bien el problema. Esto provoca una desconfianza en nuestros padres muy negativa, ya que si no somos capaces ni de dialogar con confianza en ellos, dificilmente vamos a llevarnos bien adolescente-padre y viceversa. También en esta edad es muy común la racionalización de las cosas, “al estilo ganso” por así llamarlo, ¿qué significa? que nosotros, consciente o inconscientemente, analizamos las cosas de dos maneras: diversión y aburrimiento. Lo cual también resulta negativo tanto para el adolescente como para la familia, debido a que, siendo de esta forma, la madurez se alcanzará mucho más tarde o por otro lado, se madurará mas lentamente de lo normal. Un buen consejo es, un ejemplo tonto, si tu hija fuma, no trates de obligarla a dejar de fumar, convéncela de que no debe hacerlo, ya que si ella ve un intento de obligación, procurará por otros medios conseguirlo, que a su vez conlleva a una peor situación familiar. Otro ejemplo, si tan rebelde se a vuelto, compréndela, pero también dala argumentos “a su nivel” que consigan hacer que entienda las cosas de la manera correcta, no basándose solo en disfrutar de las cosas y así aumentar la responsabilidad de tu hija.
    Si nada de esto funciona, o ya lo has intentado, nunca recurras a la violencia, con eso solo conseguirás aumentar su odio hacia a ti, y a su vez a lo que la rodea. Recuerda también, que la violencia verbal (insultos u otros sinónimos) aumenta mucho más su odio que la propia violencia física. Intenta analizar la situación lo mejor que puedas, y piensa que eres tu la adulta, no te pongas a su nivel, así no conseguirás nada, solo empeorarás las cosas.
    Si tu hija ve un ambiente “normal” en tu casa, suavizará las cosas y disminuirá la incomodidad.
    Si ella percibe un trato mejor de tu persona hacia ella, ella hará lo mismo.
    Si ella tiene problemas, y consigues hablar de adolescente-adolescente, en lugar de adulto-hijo, ella te considerará una amiga fiel, ya que eres su madre y por tanto, el afecto aumentará significativamente.
    Si no puedes prestarla la suficiente atención como para conseguir eso, el poco tiempo que la dediques, o que puedas dedicarla, haz que sea agradable, cómodo y de bienestar.
    Tampoco se trata de dar tu brazo a torcer al completo, si no de poner de tu parte. Al igual que ella debe hacer lo mismo, y para conseguir eso, debes recurrir al dialogo, pero recuerda, dialogo adolescente-adolescente (sí, en realidad, hablarás como adulta, no se puede cambiar al igual que tus argumentos tampoco, pero sí se puede cambiar la forma de decirlo y ambientarla en un paisaje más adolescente) para que ella lo considere algo más importante.

    Un afectuoso saludo Mamen, espero que lo consigas y disfrutes tu vida tanto como ella.

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