Posts de la categoría: Pareja
Publicado el Viernes, 25 de Julio del 2008 por
Isabel
Uno de los oficios mas antiguos parece retomar impulso. Internet ha contribuido a la unión de parejas mediante el chateo y seguro que conocemos alguna que otra que ha acertado en su elección, pero el porcentaje de fracasos también es numeroso.
Aunque los portales de citas son una industria que mueve cientos de millones euros (en […]
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Publicado el Martes, 18 de Diciembre del 2007 por
YoMujer.com
Autor: yomujer
Fecha: 18 Dic 2007
Todos sabemos que la infidelidad es la falta a un compromiso y se considera, en general, una traición; pero hay que hacer matizaciones: ¿Que tipo de compromiso?, ¿es siempre una traición?.
Ese compromiso parece que va implícito en la mayoría de las relaciones de pareja; pero se puede considerar desde varios aspectos, como el meramente sexual, el afectivo o el puramente ilusorio.
Habrá quienes entiendan que las tres situaciones constituyen infidelidad, quienes piensen que sólo las dos primeras y quienes únicamente dé importancia a una de ellas.
Creo que generalmente las mujeres toman como tal siempre al sexual, porque no separan el sexo del afecto, creencia que los hombres parecen no compartir muchas veces, ya que dicen poder separarlos completamente. Por supuesto, no todas coinciden en esto; me refiero a la mayoría.
El afecto o amor hacia otra persona, la complicidad, prescindiendo del sexo, como en los casos de relaciones a distancia es en mi opinión- una forma de infidelidad quizá más peligrosa para la pareja, porque ya están en juego los sentimientos y denotan la falta de amor hacia el otro componente de la misma, aunque pueda subsistir el cariño. Aquí podríamos encuadrar, quizás, las relaciones virtuales cuando las dos personas no se conocen más que a través de un ordenador. O ¿estas relaciones son nada más que una ilusión?.
Ilusión también es una fantasía, que no tiene visos de realidad: la imaginación. ¿El cibersexo, por ejemplo, puede tener cabida aquí?.
En cuanto a la traición, parece que existe si se oculta a la pareja la otra relación; pero hay quienes se lo dicen, pocos, y alguna vez es en cierto modo permitida o tomada con resignación por temor a no perder definitivamente a quien se ama. ¿Es traición igualmente e infidelidad, aunque sea confesada?.
Por otra parte, está el tema de la víctima y el culpable. En principio, culpable es el infiel y víctima, la persona traicionada; pero podemos ir más allá y pensar en las causas de la infidelidad: falta de atenciones, rutina, desencanto,
Por supuesto que la teoría todos la conocemos: separación. Pero ¿cuáles son los motivos que existen para que no se dé ese paso?: hijos, familia, miedo, chantaje emocional, no querer hacer sufrir, etc..
Es difícil juzgar moralmente a una persona, ¿no creéis?.
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Publicado el Domingo, 18 de Noviembre del 2007 por
YoMujer.com
Autor: Valeria
Fecha: 18 Nov 2007
ALGUIEN INTERESANTE
Lo peor ya ha pasado. Tu relación se rompió y, tras el necesario duelo, estás serena. Habrán pasado seis meses, quizás un año, y notas que la vida comienza a sonreirte nuevamente. Has hecho nuevas amistades, has entrado en nuevos círculos, te has apuntado a un curso de tango, de pilates o de tai chí, y al fin te apetece de nuevo salir, abrirte al mundo. Vas a cenar, al cine, quizás a algún pub tranquilo. Incluso un par de noches te atreves a mover el esqueleto en la discoteca de moda. Unas veces te diviertes, pero la mayoría no tanto. No te encuentras del todo ubicada y piensas que es por la edad o porque crees que los demás notan que te sientes sola.
Divisas además un pequeño inconveniente que se va engrandeciendo conforme te vas relacionando más. Miras a tu alrededor y no ves a nadie que te guste, que te motive: en las boites ellos son demasiado jóvenes; en los pubs tranquilos, casi siempre van emparejados. El resto está ahí, pero tú desconfías, comparas, no te liberas del aura de soledad que te rodea.
La mayoría de tus amigas dicen que la culpa es tuya. Que nadie se te acercará si tu cara es de circustancias. Intentas, salida tras salida amoldarte, vestirte a la moda, sonreír, pestañear de la forma más sexy que recuerdas haber visto en las películas. Rara vez te fijas en alguien. Quizás porque intuyes que nadie se fijará en tí. Pero entonces…conoces a alguien interesante. Casi siempre será el amigo de la amiga de tu mejor amiga o compañera de trabajo. Suficientemente atractivo sin llegar a ser un guaperas insufrible. Tiene buena conversación, intereses afines, un trabajo estable. Te alegras, ¡por fin! alguien en condiciones. Pero… siempre hay un pero. Él está habitualmente rodeado de chicas. Tiene a su alrededor un explicable harén multicolor. Digo explicable porque, queridas, es un hecho: son mayoría las que están en busca de ese tipo interesante, culto y maduro. Te fijas en la competencia y ves que tienes pocas opciones. Las más guapas por lo obvio, las menos favorecidas porque hacen gala de una personalidad arrolladora. Tú, sin embargo, eres del montón, ni guapa ni fea, recién aterrizada de la colina de la timidez a un mundo competitivo, romántica a más no poder, pese a que el mundo que te rodea afirma que el gran amor no existe, que es una utopía desfasada.
¿Qué haces entonces? Desanimarte, porque te das cuenta de que no tienes nada que hacer, así que te retiras cobardemente. Piensas que ya no tienes edad para guerrillas amatorias. Y, por supuesto, pierdes la pequeña, pero posible, oportunidad de conocerle más a fondo, de intimar un poco, incluso de conseguir al menos un nuevo amigo. No lo hagas. Supera tus miedos, tus fobias, tu timidez, pero sin dejar de ser tú misma. Atrévete a marcar la diferencia, a no ser una más del corrillo. Y…¡suerte!
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Publicado el Jueves, 11 de Octubre del 2007 por
YoMujer.com
Autor: Valeria
Fecha: 11 Oct 2007
LA TEORÍA DEL CÍRCULO
Queridas amigas, seguramente sabreís de que estoy hablando si os menciono la teoría del círculo. ¿No? Pues entonces prestad atención. En mi nuevo estatus de single he podido comprobar lo que mis amig@s llevaban advirtiéndome.
Estos tiempos para el amor están fatal, sobre todo para l@s que venimos de largas relaciones anteriores. Esto es válido tanto para nosotras como para ellos, desde luego, pero ya sabemos que en cuestiones sentimentales las chicas solemos acabar soportando más sinsabores.
Si eres de las que tienen suerte, un día podría ocurrir que conozcas a un chico, que te pida el teléfono, que después de una semana te llame, que dé la impresión de que hay feeling. Quedareís un par de veces, la intimidad aumentará, las llamadas telefónicas se incrementarán y nosotras pensaremos que, tal vez, quizás, con ayuda de los astros y demás, la cosa podría funcionar. La llamo cosa, porque mucho ojo con denominarla relación; no, no y no. Ni se os ocurra y menos delante de ellos. Cosa, rollete, rollito, amistad. Es lo como lo denominan ellos y pobres de nosotras si pensamos de otra forma.
Bien, pues el rollito sigue y ¡oh! sorpresa: llevaís un mes saliendo. Creedme si os digo que eso será todo un record a tenor de como andan los asuntos del corazón últimamente.
De acuerdo, llevaís un mes y podeís pensar que sí, que realmente existe algo bueno entre la pareja hasta que…
Hasta que llegan los círculos. ¿Verdad que en el 90% de las ocasiones salís solitos?
Sí, claro, mayor roce e intimidad, pero ¿a que tú le has presentado a tus mejores amigas?
¿Y él? Quizás algún día hayas coincidido con un par de amigotes del chaval, pero no suele ser lo habitual. Y no lo es queridas amig@s porque él tiene sus parcelas bien definidas. Estás tú, que, con suerte, eres su única amiga con derecho a roce; está el círculo de sus amigos, el de los compañeros de trabajo, el de los compinches del gimnasio y el supercírculo familiar. Ay de tí si pretendes que esos círculos se expandan e incluyan el tuyo. Con la Iglesia hemos topado. Tu recién adquirido rollete se opondrá. Y lo hará hábilmente, diciéndote que él no es machista, por lo que respeta que tu salgas con tus amigas y espera lo mismo de tí. Claro que nosotras, salvo honrosas excepciones, lo dejaríamos todo por compartir un poco más de tiempo con nuestro chico. Queremos conocerle, compartir nuevas experiencias, alargar las noches con la mañana siguiente, salir de excursión, realizar alguna escapada romántica.
Pero él no. Saldrá contigo solamente una de las dos noches del fin de semana y el resto, queridas, quedará destinado para sus otros círculos. Con suerte hablareís al teléfono los días alternos pero nunca, nunca, tendrás la plena seguridad de que habrá una siguiente cita. Tú, con la intención de no agobiar al sujeto, de dejarle su espacio, dejarás que él marque el ritmo de la relación , que él confirme la misma tarde del viernes si salís esa noche o no, dejándote el resto del fin de semana en ascuas y con la esperanza de que el domingo decida compartir un café o un cine contigo.
Llegarán las dudas, las preguntas. ¿Cómo es posible que no me haya llamado desde el sábado pasado si pasamos una noche estupenda? Seguro que ninguna discusión ha enturbiado lo vuestro; decididamente el (poco) tiempo que pasaís juntos es maravilloso y todo parece ir sobre la seda. Y, sin embargo, un día él desaparece. Quizás no súbitamente; si es un poco legal te irá dejando señales. Que ha quedado en llamarte el martes, pues lo hace el miércoles y por la noche tardísimo. Que te ha dicho que saldreís el viernes, pues ese mismo día te avisa de que un resfriado imposibilita la cita.
Y, pasados un par de días desde esos mínimos avisos, caerá en un mutismo asboluto. Tu orgullo y sentido del rídiculo evitará que tomes la iniciativa, o sea que no le llamarás para que él te aclare las cosas. Y él en el fondo te estará agradecido.
¿No te has dado cuenta de que en esto del amor, la valentía es cosa de chicas?
Así que, queridas amigas, cuidadito con el chico que acabas de conocer y que parece esconderte del resto de su vida. Lo tendrás realmente difícil y no merecerá la pena.
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Publicado el Jueves, 9 de Agosto del 2007 por
YoMujer.com
Autor: Lau
Fecha: 9 Ago 2007
En un lugar de noche de Madrid, hace un par de semanas, están orgnizando una fiesta para que todo el mundo ligue. El método es sencillo. Al entrar en la puerta, te cuelgan un número. Dentro del local busca unos espacios en los hay boli y papel.
Ahora, buscas a alguien que te guste, ves su número, esbribes algo original o recurrente, buscas a la chica de las alitas, o sea una chica ataviada de Cupida Atómica, y ésta le lleva tu mensaje al chico o la chica que le digas.
¿La fiesta? un éxito. Un juego sencillo y más viejo que el TBO. Se ha convertido en el mejor método para que hombres y mujeres establezcan relaciones. Todos los jueves The Bourbon Café (Carrera de San Jerónimo en Madrid) se convierte en un espacio de libertad y de relación de todo tipo. Si tenéis oportunidad,¡No os lo perdáis!
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Publicado el Martes, 26 de Junio del 2007 por
Olga
Autor: Olga
Fecha: 26 Jun 2007
Un grave error que nos hace pensar que nunca más. Algo que duele tan hondo que a medida que subes y lo dejas atrás sientes la experiencia latente y dices: nunca más… nunca más…
Y pasa el tiempo, y eres feliz, y ruedas, y te enderezas y vuelves a rodar, y después, sin darte cuenta, has tropezado con el mismo canto con el que habías topado la primera vez.
¿Por qué? ¿Tiene que ver con la memoria selectiva? Si es selectiva… ¿Por qué olvidamos lo que realmente no podemos olvidar?
Ser fuerte no es suficiente a la hora de afrontar un problema común. Un problema de dos.
Cuando una pareja en crisis intenta solucionar las cosas porque se quieren, cada uno utiliza su método, y al final, la rueda. La espiral…
[i]”De prometer hacerlo bien, de cometer un nuevo error, de no saber pedir perdón, o pedirlo demasiadas veces”[/i]
Cuando os dáis cuenta de que es imposible, de que sois incompatibles, de que es difícil seguir… ahí, es el momento, no se puede volver a tropezar… ¿O es que esta vez será distinto? Pues sí, esa clase de memoria selectiva es a la que me refiero. Esta vez es distinto.
[i]”¿Por qué me dices que va a ser distinto, si luego vuelve a ser lo mismo?, ¿qué tengo que ser para ser algo?, ¿para quererte solo valgo?”[/i]
Olvidar a una persona es difícil. Más si entre esa persona y tú hubo sentimientos encontrados, discusiones absurdas, miradas irritantes. Lo malo, siempre empuja a algo más malo. Y si nos empeñamos en mejorarlo, cada fracaso es un mundo de fracasos.
Y después… el olvido. El insoportable sentimiento de no poder, o no querer…. y cuando lo consigues… la memoria selectiva actúa. Y por lo tanto, volvemos a caer.
[i]”Cuál es la reacción química, que convierte un punzante sentimiento de melancolía y tristeza por extrañar a alguien, en una suave cosquilla allí donde esa persona nos hubiera “tatuado” sus recuerdos.”[/i]
Animo a usuarias y editoras a hablar de la memoria selectiva, del olvido, del fracaso y de la recuperación. Os animo a escribir en foro y artículos aquello que los humanos tenemos para bien o para mal y que nos hace girar y girar como peonzas en un mundo de sentimientos repetido y a la vez…. tan nuevos….
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Publicado el Sábado, 26 de Mayo del 2007 por
Gloria
Autor: gloria
Fecha: 26 May 2007
Isabel hizo su primer paseo a la fuente cogida de la mano de Diego que, enfundado en su delantal, caminaba tan grave y erguido como un duque. Parece que vayan a un baile de palacio, bromeaban las criadas que los seguían. Pero la cosa dejó de tener gracia cuando Isabel tuvo su primera regla.
En el siglo XIII las mujeres eran eternas menores de edad y, además de dotarlas con arreglo a su posición y fortuna, un padre que se preciara de tal debía dejarlas colocadas, esto es, o bien casadas o monjas. Si no, serían un estorbo para su hermano que sería entonces el indicado por la ley para gobernarlas.
El padre de Isabel consideró que ya había demorado demasiado el asunto. Así que empezó a tratar su matrimonio con un buen partido: Pedro Fernández de Azagra, hermano del Señor de Albarracín. Al enterarse, Isabel se quedó blanca. Y en vez de soltar una risita y sonrojarse con las bromas de su madre, echó a correr hacia su cuarto gritando entre sollozos que no quería casarse con ése. El matrimonio se miró con asombro. Será boba dijo la madre-. ¿Dónde va a encontrar un caballero mejor
Al día siguiente, el buen hombre estaba desayunando tranquilamente cuando entró el chico de la casa de al lado y, muy serio, le pidió la mano de Isabel. A punto estuvo de acertarle con el patadón que le mandó. [i]Pero tú eres bobo[/i], pensó. [i]¿Cómo se te ocurre semejante cosa? [/i] Luego se echó a reír. Que salidas tan chuscas tenía el mozo.
Tenía razón. Isabel, además de sus otros encantos, era hija de una importante familia y contaba con la mejor dote de la ciudad. Diego, en cambio, era el segundón de un terrateniente acomodado y desde niño se le había preparado para servir en alguna mesnada. Y una cosa era llevarse bien con los vecinos y otra dar ese salto inmenso en la escala social.
Pero no había forma de sacar a Isabel de la cama. Tenía tiritera y se negaba a comer. Diego, tozudo, juraba y perjuraba que en poco tiempo conseguiría la fama y la fortuna suficientes. El padre de Isabel hubiera mandado a los criados que le pegaran una buena paliza para terminar la cosa. Pero no quería ofender a su vecino, el padre de Diego, un hombre cortés y buen cristiano.
Así que, muy diplomáticamente, le dio largas a la cosa del casorio. Al fin y al cabo, Isabel era aún muy niña; no había prisa por casarla antes de cinco años, cuando ya hubiera cumplido los 17. Mira, si para entonces has conseguido alzarte hasta ella, yo sería feliz entregándote su mano. Pero si no, tienes que comprender que yo debo casar a mi hija con un hombre que la merezca, dijo.
El corazón de Diego se llenó de esperanza. Sabía que quedándose en Teruel no conseguiría medrar, así que partió a la guerra de Valencia con el caballo y las armas que le compró su padre. El hombre le vio marchar con tristeza: era aún muy joven. Pero, conociendo a su hijo, quizá fuera lo mejor. Así se olvidaría de Isabel y de todas sus demás tonterías.
Diego partió a la guerra de Valencia y durante algún tiempo solo se recibieron de él noticias sobre batallas, desgracias y princesas moras. Mientras tanto, las conversaciones entre el padre de Isabel y Pedro Fernández avanzaban lentamente: Isabel sostenía con empeño que había hecho el juramento sagrado de esperar a Diego durante cinco años.
El padre de Isabel manejó el asunto con habilidad y, dando como ciertos los últimos rumores sobre la muerte de Diego, fijó la fecha de la boda para el día siguiente a aquél en que se cumplían los cinco años, con lo que a un tiempo logró vencer la resistencia de su hija y calmar la urgencia del de Azagra. Precisamente ese fue el día que eligió Diego para regresar.
Cuando se enteró de que la boda de Isabel acababa de celebrárse, no se lo pudo creer y fue a buscarla a casa de Azagra. Isabel, que tenía noticias de la llegada de Diego desde que salió de la iglesia del brazo de su ya marido, se las había arreglado para salir al jardín un rato, mientras los hombres bebían. Mientras sus amigas entretenían a las ya consuegras, salió al encuentro de Diego.
Al verlo, Isabel se quedó un poco parada. Diego no era tal y como le recordaba. Sus facciones eran más duras y parecía más alto. Algunos dicen que volvió a Teruel rico y al mando de un centenar de hombres; otros que pobre y solo, como un mendigo. Sea como fuere, después del viaje que se había pegado no debía estar en su mejor momento
Diego, en cambio, quedó deslumbrado. Isabel estaba guapísima con sus galas de novia. Tanto que el mosqueo se le quitó de golpe. No sabemos a ciencia cierta que hizo en sus años de aventuras, pero lo que sí es seguro es que había aprendido algo: Los besos en la boca, aparte de ser una guarrada, daban gustirrinín.
Bésame, Isabel, dijo cogiéndola bruscamente por la cintura mientras buscaba su boca. Ella se echó atrás, sobresaltada. La educación sexual proporcionada por las ayas era muy deficiente y para Isabel los besos en la boca se entremezclaban misteriosamente con signos de pureza sanguinolentos que el de Azagra reconocería inmediatamente. Pero si me acabo de casar, contestó confusa.
No seas boba, mujer. Si te va a gustar, insistió él. A Isabel, desconcertada, se le agolparon en la memoria aquellos cinco años de resistencia pasiva en solitario y, sin poder evitarlo, se puso baturra: Para bobo, tú. A buenas horas apareces, dijo.
Las consuegras reclaman a Isabel y los amantes no tienen tiempo de más. En la puerta de la casa que ahora es la de Isabel, Diego cae fulminado. Su corazón enamorado no ha podido superar el rechazo de Isabel.
Al día siguiente, una mujer velada se presenta en el funeral de Diego. Es Isabel que, resueltas sus dudas en la noche de bodas, se arrepiente de no haberle dado el simple beso que le pedía. Así que se acerca al féretro y, mientras está besando los labios fríos del cadáver, cae desplomada sobre él. Ha muerto de amor.
Era el siglo XIII en Teruel. Si hubiera sido el XXI, el CSI hubiera averiguado rápidamente por qué medio actuó el amor. Quizá un virus extraño contraído por Diego o una malformación congénita de alguna válvula cardiaca. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Pero, aún así, en muchos lugares del mundo todavía siguen muriendo chiquillos solo porque se han enamorado como bobos.
En todos los lugares del mundo donde las mujeres siguen considerándose seres que deben ser gobernados.
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Publicado el Viernes, 18 de Mayo del 2007 por
YoMujer.com
Autor: Valeria
Fecha: 18 May 2007
AMISTADES ROTAS
Bueno, ya está. Ha ocurrido. Tu pareja se ha roto. No es la primera ni será la última, pero después de años de relación monógama en la que te has volcado en la pareja, en los hijos, en la casa, te encuentras de pronto muy, pero que muy sola.
Quieres regresar a algún tipo de vida social y no tienes con quién.
Siempre habrá alguna amiga con la que compartir un café o ir al cine una vez al mes, pero tus amistades seguirán con su vida. Es probable que ya no te apetezcan esas reuniones de pareja, porque claro, tú ya no la tienes. Parece que no encajas, que sobras allí. Incluso piensas que algún que otro marido ha comenzado a mirarte raro, como si tuviera temor a que el divorcio fuese una especie de virus contagioso. Sobre todo si la decisión de romper ha sido tuya.
¿Y esa pareja que creías amiga y ahora ha dejado de llamarte sin más? Está claro, se han puesto del otro lado, lo cual no es reprochable hasta cierto punto. Pero
¿por qué razón han dejado de llamarte a ti? ¿Se rompe la pareja y se rompe la amistad? Si, puede ocurrir.
Lejos de deprimirnos chicas, debemos ir en busca de nuevos horizontes. ¿Te gusta leer? Pues busca en tu ciudad algún grupo de lectura. Si preguntas en las bibliotecas, seguro que sabrán orientarte sobre alguna de éstas tertulias. ¿Siempre has tenido el gusanillo del arte? Pues apúntate a clases de pintura; algunos ayuntamientos imparten talleres gratuitos. ¿Ha llegado el momento de ponerse en forma? Enfúndate en un chándal y sal al parque a pasear. Regálate una mascota; los perros son siempre un buen acicate para comenzar una conversación. ¿Tus hijos son pequeños y estás aún muy pillada con ellos? Aprovecha y disfruta; escápate a un hotel con animación infantil. Llévales a todas las actividades lúdicas que organicen en la ciudad. Olvídate por un día de las tareas de la casa y organiza una acampada en su cuarto.
Piensa en que el tiempo libre del que ahora dispones es sólo tuyo; ya no tendrá lugar ese tita-afloja para decidir si mar o montaña. Ahora eres tú la que elige, la que es dueña de su tiempo, la que puede permitirse el lujo de un domingo entero de tumbing frente al televisor atiborrándote de palomitas mientras los hijos están de fin de semana alterno. No más discusiones sobre el mando a distancia. No más calentarte la cabeza sobre el menú del día festivo.
No tengas prisa por volver a emparejarte; disfruta de tu nuevo status. Busca amistades afines, recíclate, crece como ser humano. Haz que el objetivo de tu vida sea la serenidad.
Con el tiempo, si alguien ha de llegar, lo hará. Y si el príncipe azul no aparece en su cadillac blanco a rescatarte, no importa. Tú ya has resistido. Date la enhorabuena y sigue tu camino.
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Publicado el Sábado, 5 de Mayo del 2007 por
Olga
Autor: Olga
Fecha: 5 May 2007
Uno de los errores que se cometen en la sociedad actual es la suposición de que no hay nada que aprender sobe el amor. Radica en la [b]confusión[/b] entre la experiencia inicial del “enamorarse” y la situación permanente de estar enamorado.
Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de a vida.
Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor.
Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, [b]poco duradero[/b]. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, u aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar “locos” el uno por e otro como una prueba de la intensidad de su amor, uando solo muestra el grado de su [b]soledad anterior.[/b]
Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrario.
Prácticamente no xiste ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. [b]Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores -o renunciaría a la actividad-.[/b] Puesto que lo últim es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y esudiar el significado del amor.
Erich Froom (El arte de amar)
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Publicado el Martes, 10 de Abril del 2007 por
Gloria
Autor: gloria
Fecha: 10 Abr 2007
Tras la revolución social aparejada a la liberación de la mujer ha aparecido una nueva clase de mujeres: Las económicamente independientes, profesionales de prestigio o empresarias exitosas a las que la sociedad les da a escoger entre carrera o familia, una dicotomía que muchas veces desemboca en la soledad.
Parecería que, a partir de cierta edad, las mujeres nos volvemos invisibles. Los hombres dejan de interesarse por nosotras. Aparece entonces la soledad, la falta de cariño, el deseo insatisfecho. ¿Qué hacemos entonces? Hoy día, tener un gigoló es una de las soluciones.
Es un fenómeno innegable. Los anuncios ofreciendo este tipo de servicios están ahí, podemos verlos todos los días en cualquier periódico. Sin embargo, es prácticamente imposible encontrar a alguien que reconozca haberlos utilizado. ¿Por qué? ¿Qué clase de mujeres son las que pagan por sexo? Neus Arqués escribió su novela para responder a esta pregunta.
La clienta es Rosa, una cincuentona divorciada a la que su masajista le recomienda contratar a un gigoló para sacudirse la tristeza. La cosa se complica cuando Iván, el amante remunerado, se enamora de Bel, una treintañera desengañada.
- [i]Rosa termina recurriendo a un amante de pago porque no lo encuentra en sus relaciones sociales [/i]nos dice Neus- [i]Si pudiera no pagar, Rosa no pagaría, pero
Bel, por su parte, es víctima de su propia invisibilidad: necesita la aprobación externa para sentirse bien.[/i]
Aunque el eje de la historia es la invisibilidad, el personaje de Bel nos mete de lleno en otro tema espinoso: la infidelidad. Sin falsos pudores ni moralinas, Neus nos pregunta: Qué es peor, ¿acostarse con el novio de tu mejor amiga o con un gigoló?
- [i]Las mujeres somos las mejores amigas
o las peores enemigas. Y, por desgracia, a veces nos traicionamos por un hombre.[/i]
¿Y que piensan los hombres de todo esto, Neus?
- [i]Me ha sorprendido constatar que la novela tiene muchos lectores hombres. Por sus comentarios en el blog de “Un hombre de pago” deduzco que la respuesta oscila entre el interés y la incomprensión. Tanto las mujeres como los hombres estamos desconcertados.[/i]
Tradicionalmente, el hombre es capaz de separar el sexo del amor, mientras que para la mujer lo uno es consecuencia irremediable de lo otro. Quizás esa norma no escrita también esté cambiando.
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