Posts de la categoría: General
Publicado el Domingo, 7 de Septiembre del 2008 por
Diana P. Morales
Autor: Diana
Fecha: 20 Feb 2007
Si bien puede que no sea el primer personaje femenino moderno -no los conozco todos, claro está- sin duda fue de los primeros. La novela fue escrita a principios del siglo XIX y Elizabeth es, sin duda, el personaje más completo de todos. ¿Por qué moderno? Para empezar, [b]rompe todos los estereotipos que habían puesto sobre el tapete la mayoría de los personajes mujeres en la literatura[/b]. (…)
[b]Elizabeth Bennet y el moderno personaje femenino.[/b]
Tras el post anterior -Releyendo a Jane Austen (1)- y después de un deprimente repaso a lo que han sido los personajes femeninos en siglos de literatura (en mi blog), llegamos a Elizabeth Bennet, protagonista de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.
Si bien puede que no sea el primer personaje femenino moderno -no los conozco todos, claro está- sin duda fue de los primeros. La novela fue escrita a principios del siglo XIX y Elizabeth es, sin duda, el personaje más completo de todos. ¿Por qué moderno? Para empezar, [b]rompe todos los estereotipos que habían puesto sobre el tapete la mayoría de los personajes mujeres en la literatura[/b]. Ante todo, lo que destaca de Elizabeth, es, sin duda, [b]su inteligencia y su agudo ingenio [/b]que demuestra en cada diálogo.
Como prometía en el post anterior, extraigo como ejemplos trozos de diálogos de la novela.
([b]Extracto del capítulo 6[/b]; En un baile del capítulo 3, Darcy ha rechazado bailar con Elizabeth, y ahora un vecino -Sir William- insiste a Darcy para que invite a una Elizabeth aún molesta por la afrenta anterior)
[i]-Señor Darcy, permítame que le presente a esta joven como excelente pareja de baile. no podrá usted negarse, estoy seguro, teniendo delante tanta belleza -y, tomando su mano, Sir William se la habría cedido al señor Darcy (quien, aunque extraordinariamente sorprendido, la había aceptado) de no ser porque ella retrocedió de inmediato.
-Perdóneme, pero no tengo la menor intención de bailar -le dijo a Sir William, algo incómoda- Le ruego que no suponga que he venido en esta dirección con intención de buscar pareja.
El señor Darcy, con gran dignidad y corrección, pidió que se le concediera el honor de su mano; pero fue inútil. Elizabeth se mantuvo firme en su negativa, y tampoco bastaron para convencerla los esfuerzos de Sir William.
-Baila usted tan bien, señorita Elizabeth, que es una crueldad negarme el placer de verla; y si bien a este caballero no le gusta en general esta diversión, no pondrá ningún inconveniente, estoy seguro, a complacernos por espacio de media hora.
-El señor Darcy es un dechado de cortesía- dijo Elizabeth sonriendo.[/i]
Sí, ironía. Toda la que Jane Austen es capaz de imaginar -y es una maestra- escapa por boca de Elizabeth. ¿Decía antes que Elizabeth destacaba por su inteligencia? Sí, y por su personalidad: decidida, irónica, orgullosa. [b]De hecho es muy posible que sea el primer personaje femenino que enamora a un hombre en una obra literaria, no gracias a su belleza, sino a su inteligencia.[/b]
Antes de tener esta breve conversación con Elizabeth, esto era lo que Darcy opinaba de ella:
[b](Capítulo 3)[/b]
[i]-Exactamente detrás de ti-(le decía a Darcy su amigo Bingley)- está sentada una de las hermanas de Jane, que es también muy hermosa, y me atrevería a decir que muy simpática. Déjame que le diga a Jane que os presente.
-¿A quién te refieres?-volviéndose, el señor Darcy contempló por un momento a Elizabeth, hasta que, al tropezar con su mirada, apartó la vista y dijo con frialdad- No me parece mal, pero no es lo bastante guapa para tentarme.[/i]
Y justo unos momentos después del encontronazo anterior (cuando Elizabeth le rechaza con tanta ironía), la reacción de Darcy es: (hablando con la Srta Bingley):
[b](Capítulo 6)[/b][i]
-
me ocupaba de cosas mucho más agradables. He estado meditando sobre el gran placer que pueden proporcionar unos ojos hermosos en el rostro de una mujer bonita.
La señorita bingley alzó la vista, rogándole que le dijera qué dama le había inspirado tales reflexiones.
-La señorita Elizabeth Bennet.[/i]
Más aún llama su atención, cuando pasan unos días en la misma casa[b]. Elizabeth tiene opiniones propias respecto a cualquier tema y -lo que es más sorprendente- las hace públicas[/b] (con educación y respeto) en cualquier ocasión. Incluso si contravienen a personas de rango o clase social superior. Hasta el extremo de tomarles el pelo (cosa inimaginable para otras mujeres, como la srta Bingley)
([b]Capítulo 11[/b]: después de que Darcy dice que se va a quedar sentado para contemplar a Elizabeth y a la Srta bingley mientras ellas dan un paseo)
[i]-¡Qué vergüenza, señor Darcy! -exclamó la srta Bingley- Nunca he escuchado nada tan abominable ¿Cómo le castigaremos por semejantes palabras?
-Nada más fácil -dijo Elizabeth- Tómele el pelo, ríase de él. Puesto que son amigos íntimos, debe usted saber cómo se hace.
-Le aseguro que no lo sé. Nuestra intimidad no me ha enseñado eso. (
)[/i]
[i]- En cuanto a reírnos, será mejor no ponernos en evidencia tratando de hacerlo sin éxito. El señor Darcy podría felicitarse por ello.
-¡No reírse del Señor Darcy! -exclamó Elizabeth- Privilegio sin duda poco frecuente y espero que siga siéndolo, porque consederaría una gran pérdida tener muchos conocidos que lo reclamaran. Me encanta reír.
(
)
-Siempre me he esforzado -dijo Darcy- por evitar las debilidades que a menudo exponen al ridículo a una persona inteligente.
-Como la vanidad y el orgullo- añadió Elizabeth.
-Sí, la vanidad sin duda es un defecto. Pero el orgullo
si realmente existe inteligencia, el orgullo estará siempre bajo control.
Elizabeth se volvió para esconder una sonrisa[/i]
Además, el pesonaje [b]manifiesta signos de independencia frente a la sociedad y a sus padres[/b], negándose a algo tan habitual en aquella época como aceptar una oferta de matrimonio de alguien que está en una buena posición social (el viscoso señor Collins):
[b]
(Capítulo 19)[/b]
[i]-Va usted demasiado deprisa, señor mío- exclamó Elizabeth- Olvida que no le he respondido aún. Permítame hacerlo sin mayor dilación. Acepte mi agradecimiento por el cumplido que me hace. me doy cuenta del honor que supone su ofrecimiento, pero me es imposible aceptarlo.
-Ya había llegado a mi conocimiento- replicó el señor collins, con un ceremon ioso ademán- que es habitual entre las jóvenes rechazar la petición del hombre al que, en secreto, se proponen aceptar; y a veces la negativa se repite una segunda y una tercera vez. En consecuencia, no me siento en absoluto desalentado por lo que acaba usted de decirme, y espero llevarla al altar en poco tiempo.
-Le aseguó señor mío- dijo Elizabeth- que su esperanza está desprovista de todo fundamento. Créame si le digo que no soy una de esas jóvenes (si es que existen) que tienen el atrevimiento de poner en peligro su felicidad por darse el gusto de recibir una segunda declaración. Mi negativa es totalmente sincera.[/i]
[b]Elizabeth se enfrenta a las convenciones sociales de la época, lo hace con elegancia y con decisión[/b], muestra su inteligencia y su opinión -es cabezota algunas veces- sea cual sea el escenario y los acompañantes. Por eso, me hace gracia que críticos actuales, como el muy encumbrado [i]Harold Bloom[/i] alaben que Jane Austen no sea feminista, y que se limite a describir las situaciones, en lugar de hacer un libelo en pro de la igualdad de la mujer, como las feministas actuales (Cómo leer y por qué).
Para ser tan inteligente en algunos aspectos, el señor Bloom parece singularmente obtuso para otros. Cada época tiene sus propias reivindicaciones y sus formas de expresarse
Cuando Orgullo y Prejuicio fue escrito, faltaba más de medio siglo para que se publicara la primera Reivindicación de los derechos de la mujer, y siglo y medio para que se empezara a pedir el voto femenino.
Sin duda hubiera quedado terriblemente fuera de lugar que, por ejemplo, a Elizabeth Bennet le diera por prender fuego a su corsé para manifestar su opinión sobre el matrimonio concertado.
Elizabeth protesta -y, por boca de ella, Jane Austen- como puede hacerlo; no olvidemos que, además, se supone que pretende que le publiquen el libro. Y, aún así, todo el carácter de Elizabeth, todo lo que le va ocurriendo, es una calmada protesta. Y las hay más directas: desde el comienzo de la novela se habla de que la hacienda donde viven los Bennet -la familia protagonista- está vinculada a un descendiente masculino; es decir, [b]sólo un hombre puede heredarla [/b](era muy común en aquella época).
Los Bennet han tenido cinco hijas
por eso, la sra Bennet llega a decir:
[b](Capítulo 23)[/b]
[i]- (
) ¿cómo cabe en la conciencia de nadie vincular una propiedad, arrebatándosela a una de sus propias hijas? No me cabe en la cabeza[/i]
Y, más adelante, la poderosa y arrogante Lady Catherine De Bourgh:
[b](Capítulo 29)[/b]
[i]- (
) En general, no veo motivo alguno para vincular propiedades prescindiendo de la línea femenina. En la familia De Bourgh nunca se ha creído necesario.[/i]
Si eso no es una protesta, baje Jane y lo vea.
[b]Diana P. Morales[/b]
[url]http://www.portaldelescritor.com/blog[/url]
Posts relacionados
Publicado el Viernes, 5 de Septiembre del 2008 por
Gloria
Bubok, el servicio de auto-publicación online, ha lanzado la Comunidad de Bubok, una plataforma que permite establecer una comunicación directa entre los usuarios del servicio, tanto privadamente, a través de mensajes enviados a la página personal de cada usuario, como de forma abierta por medio de foros de participación.
Aunque la auto-publicación es una formula prácticada […]
Posts relacionados
Publicado el Domingo, 31 de Agosto del 2008 por
Diana P. Morales
Autor: Diana
Fecha: 6 Feb 2007
Es una gran narradora y creadora de personajes; sus novelas se desbordan en ambientes minuciosos, y en detalles sutiles. Es la autora para la que se inventó la palabra ironía.
Todo compendio de grandes obras literarias de la historia tiene una novela suya (…)
Hace poco compré un ejemplar de [u]Orgullo y Prejuicio[/u], de Jane Austen. Por supuesto, para una relectura (la quinta si no recuerdo mal).
Ésta vez comprado -y sellado con mi novísimo ex-libris, que he estrenado con él- pues las anteriores lecturas habían sido a ejemplares prestados. Todo porque el otro día me volvieron a entrar ganas de leerlo, y me di cuenta de que no tenía mi propio ejemplar (¡sacrilegio!). Me hice con él el mismo viernes, y nada más llegar a casa empecé a leer; llegué hasta el capítulo 45, y entonces lo dejé para escribir este post.
Todo el mundo tiene sus autores favoritos, y creo que cualquiera que me conozca un poco sabrá que Jane Asuten está en los primeros lugares de mi lista. Es una gran narradora y creadora de personajes; sus novelas se desbordan en ambientes minuciosos, y en detalles sutiles. [b]Es la autora para la que se inventó la palabra ironía.[/b]
Todo compendio de grandes obras literarias de la historia tiene una novela suya; un honor difícil de alcanzar en esta sociedad en la que -ineludiblemente- se minusvalora a las novelas escritas por mujeres, con protagonistas mujeres y de temas relacionados con sentimientos. Existe el prejuicio de que toda novela con esas características es una novela femenina o novela para mujeres, lo cual (irracionalemente) rebaja su calidad a ojos de la comunidad literaria, y provoca que la mayoría de los lectores masculinos no se acerquen a autoras como ésta.
[img]orgullo y prejuicio.jpg[/img]
[b]Austen, sin embargo, ha obtenido el beneplácito del mejor crítico que existe: el tiempo[/b].
Los libros universitarios, o ensayos sobre ella destacan sus cuidadísimos ambientes; el fino tacto de su prosa; el preciso retrato de la sociedad de su época. Yo me centro en otro de sus logros: los diálogos.
[b]Los diálogos de Jane Austen tiene el ritmo rápido y ágil de la buena comedia[/b]. Ni una sola frase se deja al azar; son una radiografía de cada personaje y del tiempo en el que les ha tocado vivir. Son irónicos, por supuesto (esto no hacía falta ni decirlo), agudos y mordaces como sables. Si Austen hubiera vivido en la primera mitad del s.XX, habría trabajado como dialoguista para los guiones Ernst Lubistch, o para Billy Wilder.
Sus adaptaciones a la pantalla deben ser de las pocas adaptaciones literarias en las que el 90% de los diálogos de la película son, efectivamente, extraídos del libro. Dejo un ejemplo, y próximamente continúo con otra de las cimas de Jane Austen en Orgullo y Prejuicio: la invención del moderno personaje femenino en la literatura.
[b]Extracto de Orgullo y Prejuicio, capítulo 20[/b]
(Elizabeth Bennet, joven protagonista de la novela, acaba de rechazar la proposición de matrimonio del viscoso señor Collins; su madre, la sra Bennet, se ha enfadado con ella e insta al padre a que la reprenda; el señor Bennet accede a ello.)
(
)
[i]La señora Bennet tocó la campanilla y se convocó a la señorita Elizabeth a la biblioteca.
-Ven aquí, hija mía-exclamó su padre al verla aparecer- Te he mandado llamar por un asunto importante. Tengo entendido que el Señor Collins te ha hecho una proposición matrimonial ¿Es eso cierto?
Elizabeth respondió afirmativamente.
-Muy bien y tú ¿has rechazado ese ofrecimiento?
-Así es, señor.
-Muy bien, ahora llegamos a lo más importante. Tu madre insiste en que aceptes ¿No es así, señora Bennet?
-Así es, o de lo contrario no volveré a verla nunca más.
-Tienes ante ti una triste disyuntiva, Elizabeth. A partir de hoy serás una extraña para uno de tus padres: tu madre te repudiará si no te casas con el señor Collins y yo te repudiaré si te casas con él. [/i]
Posts relacionados
Publicado el Martes, 12 de Agosto del 2008 por
Invitada
Hoy nos visita Julia Larotonda, una escritora argentina nacida en junio de 1979. Tras cursar 9 años en el Instituto Vocacional de Arte (Ex Lavarden), se licenció en la Universidad de Buenos Aires, donde trabajó en la cátedra de Introducción al guión, y después se especializó como guionista en Guionarte. También fue ayudante del escritor […]
Posts relacionados
Publicado el Miércoles, 6 de Agosto del 2008 por
Gloria
Desde el 7 de agosto hasta el 21 de septiembre se podrá visitar en Zaragoza la exposición “Mujeres de Agua”, una muestra itinerante del fotoperiodista Tomàs Abella que refleja la problemática de acceso al agua en África subsahariana. La exposición, que se inauguró en la Casa Amatller de Barcelona el pasado 10 de abril, recorrerá […]
Posts relacionados
Publicado el Martes, 5 de Agosto del 2008 por
Olga
GrupoBúho.es, un año más, saca su certamen de poesía y relato.
Se trata de un concurso para usuarios del portal que tiene como objetivo fomentar la participación y crear una comunidad literaria fuerte, dinámica y de calidad.
Como todos los años, del concurso saldrán dos libros publicados por nuestra Editorial: Editorial Grupobúho. Uno del ganador y otro […]
Posts relacionados
Publicado el Viernes, 27 de Junio del 2008 por
YoMujer.com
Autor: Esopo
Fecha: 23 Nov 2007
Ya sé que es amargo, pero es la auténtica versión de Perrault por mucho azúcar Grimm que le pongamos. Claro que habría que cuestionarse porqué seguimos edulcorando los cuentos de hadas a nuestros niños y a los no tan niños. Me parece que muchas veces esta distorsión de la literatura infantil se debe al propio desconocimiento de la versión original, manipulada durante siglos. En otras ocasiones nos hallamos ante la negativa de muchos padres a causar un trauma a sus hijos al narrar hechos violentos, crueles e incluso de dos rombos. Por ejemplo, a ver quién es el valiente que le dice a su princesita que La Bella Durmiente no se despierta con un beso si no que el príncipe primero lo intenta con gritos y como su táctica no surte efecto, decide violarla. Tras abusar de ella comienza un desenfrenado culebrón con embarazo, raptos y asesinatos que ya quisieran igualar muchas productoras sudamericanas. Pero las sorpresas con los cuentos infantiles no terminan aquí. Supongo que a nadie le chocará saber que las hermanastras de Cenicienta, ávidas por calzarse el zapatito de cristal a toda costa, se cortaron un dedo del pie bajo el mandato de su madre. Por cierto, en las versiones más antiguas de la Cenicienta (remontémonos al siglo IX, China) el zapato zapatilla- no era de cristal si no de raso, cuero o tal vez oro. Como estos materiales ocultaban las mutilaciones de las hermanastras y se facilitaba el engaño, en su versión Perrault optó por hacerlo transparente para que no hubiera lugar a dudas de quién era la dueña.
Bueno, ¿y qué hay de la tierna Ricitos de oro? Ésta es bajo mi punto de vista la historia más deformada de todas ya que la dulce pequeña no era ni siquiera una niña si no una vieja malhumorada, fea y de cabellos grises que irrumpe en el hogar de los osos. Pues bien, las fieras, hartas de la ocupación y viendo que no la mataban ni el fuego ni el ahogamiento, decidieron acabar con ella empalándola en la aguja de un campanario. ¿Qué tal el cuerpo? Seguimos. Lo siento, ya no puedo parar. Hacia el final de Blancanieves, la malvada madrastra es obligada a bailar con unos zapatos de hierro candente hasta caer muerta en el suelo. En cuanto a El patito feo, los patitos no se limitan a insultarle si no que lo vejan de esta manera:
_ ¡Déjenlo tranquilo! dijo la mamá -. No le está haciendo daño a nadie.
_Sí, pero es tan desgarbado y extraño dijo el que lo había picoteado- que no quedará más remedio que despachurrarlo.
Por favor, insistid en animal y despachurrar y la imagen será espeluznante. Siguiendo con Andersen, siento desilusionar a los forofos de Disney pero he de confesaros que La Sirenita no llegó a la boda
Así que haced el resto vosotros.
Y ahora que ya sabemos cómo eran en realidad estas fábulas cabe retomar la primera pregunta y plantearse qué hacer con estos datos: si usarlos o bien ocultarlos de nuevo a otra generación. Analicemos la idea absurda del pudor a relatar hechos violentos a los pequeños. Primero, nos guste o no los niños de ahora contemplan la violencia a diario un día sí y otro también. En el colegio, cada dos por tres presencian o se involucran en peleas y como no, cuando llegan a casa y encienden la tele sale de todo: sexo, palabrotas y escenas como la de el Sergi se repiten a diestro y siniestro. Y lo ven casi sin que podamos evitarlo. Segundo, pensemos que nosotros podemos controlar la información del cuento eligiendo el cómo, el cuando y el porqué de determinada narración. Así, para hablar de la sinrazón de la xenofobia, leerles El patito feo en su versión original sería excelente. Lo considero un contexto más adecuado que la repetición abusiva de las patadas de el Sergi a una extranjera. Para colmo, luego son comentadas con un lenguaje que el niño no puede asimilar.
También el peliagudo asunto de la pederastia se podría tratar con la Caperucita Roja de Perrault. Pero cuidado, hay que coger este cuento con alfileres, midiendo al milímetro lo que resaltamos de la historia. Si bien Perrault lo escribió con un fin moralista los hombres (y por lo tanto el sexo) son peligrosos para las jovencitas sean niñas o no hay que ver en una versión italiana a la primera Lolita de la historia:
Abuelita, tengo sueño:
A lo que la fiera responde:
-Quítate las ropas y ven a acostarte conmigo”.
No sé porqué me da la impresión de que Caperucita accedió, le gustó y una vez en la cama me la imagino diciendo: Abuelita, qué
más grande tienes. Por eso, limitémonos a contar que el lobo, o sea un desconocido extraño disfrazado de persona amable- podría ser un asesino en serie.
Estos son ejemplos de algunos usos didácticos que podemos dar a las versiones originales pero puede haber muchísimos más. Aun así seguirá habiendo padres que se nieguen en rotundo a difundirlas. En este caso me planteo que los motivos pueden ser más profundos y referirse a su propia infancia. Me explico. Los adultos tenemos pocas oportunidades de volver a sentirnos niños. Por eso nos inventamos que hay que decorar el árbol de Navidad, que la nocilla es antidepresiva, y nos subimos a la montaña rusa para que nos les pase nada a ellos. Por supuesto es bueno leerles un cuento antes de dormir. Bajamos la luz, abrimos el libro y nos encojemos. Se nos cambia la voz, los ojos se nos abren y tras varias páginas emocionantes no sabemos distinguir entre el niño y el adulto. Entonces, en medio de esa magia ¿cómo hablar de malos tratos? ¿cómo? ¿que la Sirenita muere? ¿violaciones? ¿no tuve suficiente con las noticias de hoy? Ni loco. Para el poco rato que estoy con mi hijo, me niego a hablar de esto.
Y pensaremos además, ya ha dejado el chupete, ya come con nosotros, ya hace muchos deberes, ya me compra él los Reyes con sus cinco euros
Por eso, en los cuentos yo me trago el sorbo amargo y a él
a él le pongo el azúcar Grimm.
Confesión: A los veintitrés años mi profesora de Análisis de textos me contó el verdadero final de Caperucita Roja. Tengo treinta y uno. Todavía no la he perdonado.
Nuria Reina
Posts relacionados
Publicado el Miércoles, 18 de Junio del 2008 por
Isabel
Autor: isabel
Fecha: 5 Abr 2007
La fascinación que ejerce sobre nosotros una buena novela podemos compararla a la que siente el arqueólogo al encontrar un fragmento de cerámica. A partir de él puede imaginar una totalidad.
Cuando esa historia es trasladada a la pantalla puede no ser la imaginada por nosotros o puede completar lo leído y a veces mejorarlo.
Buscar la geografía íntima de Virginia Wolf, después de leer su novela Orlando, es un acicate que nos puede llevar a visionar la película. La casa de 365 habitaciones de Orlando no es otra que Knole, la mansión familiar de Vitoria (Vita) Sackville-West, poetisa y cómplice de la novelista. A ella dedicó su libro Virginia y en sus páginas recrea la historia de esta mujer, sus ancestros y su personalidad.
Vita se casó en Knole con Harol Nicolson, con quien compartiría 50 años de un matrimonio cómplice, ambos homosexuales. Pero hubo de abandonar la mansión familiar por lo que ella con sorna definía como un fallo técnico. Al morir su padre, la herencia de la propiedad continuó por línea masculina. Y Knole pasó a manos de su tío. Virginia en su novela hace regresar a su personaje a la casa, era una manera de desagraviar a su amiga.
Orlando, es la historia de un ser andrógino, que nace niño y tras diversos sufrimientos se convierte en mujer. Alter ego de su amiga Vita, que se nos presenta a través del personaje como un ser delicadísimo, que sufre transformaciones a cada golpe. En cambio, Virginia es el ser poderoso, el biógrafo que salva la integridad de su personaje, justo lo contrario de lo que representaban en la realidad.
Virginia Woolf dedicó la novela a Vita. Y Vita Sackville-West dedicó a Virginia su poema Sissinghurt, el singular jardín creado en 1930 por Vita y su marido.
La relación de las dos escritoras acabó en 1935. No obstante cuando las bombas ya caen sobre los Woolf, alrededor de 1940, Virginia recibe un agradable y comestible regalo de la granja de Vita. Y ella le escribe una carta agradecida.
Todo cuanto puedo decir es que cuando descubrimos la mantequilla en la caja hicimos que la familia es decir Louie- entrara a mirarla. Es una libra entera, dije…Has olvidado como sabe la mantequilla. Por tanto te lo contaré: es algo entre rocío y miel. ¡Felicita a las vacas de mi parte!…No creo que nada me parezca importante excepto esto. Es cierto que todos nuestros libros llegan de la casa en ruinas mañana: maltrechos y llenos de moho… pero son menudencias. Caen bombas cerca… tonterías; han derribado un avión en el pantano: tonterías; malditas inundaciones… no, nada parece una corona de laurel apropiada en el pedestal de tu mantequilla…
Virginia después de dar sus flores más bellas en sus páginas se hundió y Vita, la jardinera que la había regado en su momento de mayor esplendor, se fue con sus perros chow y su eterno Sr. Nicolson a su castillo en el condado de Kent donde seguiría plantando y trasplantando, escribiendo y segando, dando cenas, luciendo perlas y recibiendo a sus amigas hasta el final de sus días, en 1962.
Posts relacionados
Publicado el Martes, 27 de Mayo del 2008 por
Diana P. Morales
Autor: Diana
Fecha: 23 Dic 2006
[b]Diana P. Morales[/b]
Mucha gente no sabe que el primer poema encontrado en la historia salió de la pluma de una mujer.
Se llamaba Enheduanna -[b]Enhedu[/b]- y vivió en [u]Babilonia[/u], alrededor del 2.354 AC; era sacerdotisa de la diosa Inanna y su poema cuenta la leyenda de esta diosa; además, Enheduanna fue [u]la principal matemática y astrónoma de su época en el imperio sumerio[/u].
Os dejo con algunos de sus versos, los primeros de los que se tiene constancia en la historia de la humanidad.
(…) [i]Los grandes demonios, como estiletes de escritura,
Caminan al lado de ella.
Y hay quienes caminan delante de ella… llevando mazas
en la mano.
Y hay quienes caminan a su lado, con armas a sus costados.
Hay quienes la preceden
Hay quienes preceden a Inanna.
Seres que no conocían la comida ni el agua [/i](…)
Me imagino a Enhedu pequeña, pero resuelta, de mirada seria. Debía imponer respeto, pues representaba el pilar más alto de las ciencias de su imperio. La veo siempre ocupada, siempre rodeada de gente. Y, buscando, de noche, un momento de paz para cerrar los ojos bajo en cielo de Babilonia y soñar con las aventuras de la diosa Inanna.
Lástima que no se conserven imágenes; El poema ha llegado hasta nosotros grabado en tablillas.
http://www.portaldelescritor.com/blog
http://dianap.bitacoras.com
Posts relacionados
Publicado el Martes, 20 de Mayo del 2008 por
YoMujer.com
Autor: yomujer
Fecha: 23 Dic 2006
Nació en Ferrol, el 31 de enero de 1820 y tuvo que vestirse de hombre para poder asistir a la Universidad Complutense de Madrid, concretamente a la Facultad de Derecho.
Consideraba a la mujer como ser humano marginado, que debía ser educada en la dignidad de su propia condición.
Sus ideas no quedaron sólo en el papel de sus numerosos escritos, sino que fue una mujer activa, que le hizo ser merecedora del nombramiento de visitadora de prisiones de mujeres en 1863 en La Coruña, cargo al que renunció dos años después. En 1868 es nombrada inspectora de casas de corrección de mujeres y en 1871 fue nombrada secretaria general de la Cruz Roja. También fue miembro de la Junta Directiva del Ateneo de Señoras, fundado en Madrid por Fernando de Castro.
En la guerra civil carlista acompañó a las tropas cristianas para atender heridos de ambos bandos y dirigió el adecentamiento del hospital de campaña que se montó para atender a moribundos y heridos.
Falleció a los setenta y tres años de catarro bronquial crónico el cuatro de febrero de 1893.
Posts relacionados