BILLIE HOLIDAY, LA VOZ DEL GUETO
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En su recién publicado libro “Con Billie Holiday. Una biografÃa coral“, Julia Blackburn se acerca a la figura de la gran dama del jazz a través de una serie de entrevistas inéditas realizadas a amigos de la infancia, amantes, proxenetas, músicos o agentes de narcóticos que la conocieron bien.

Las entrevistas fueron realizadas en la década de los 70 por Linda Kuehl, una periodista que se empeñó en escribir la biografÃa más completa sobre la cantante. Kuehl acumuló documentación y realizó unas 150 entrevistas (de las que Blackburn ha seleccionado las más interesantes), aunque no logró darle forma coherente a su manuscrito que fue rechazado por los editores. Tras este fracaso, Linda se suicidó tras un concierto de Count Basie, antiguo jefe de Billie. A pesar de que la cantante dictó en 1956 una autobiografÃa, Lady sings the blues (que sirvió de base a la pelÃcula El ocaso de una estrella) la vida de Billie Holiday sigue teniendo muchos episodios oscuros, alentados por la propia imaginación de la estrella, que mentÃa sin complejos.
Su infancia se caracterizó por la pobreza, la soledad y el maltrato. Su madre, Sadie Fagan, que solo tenÃa 13 años, fue despedida de la casa en la que trabajaba como sirvienta y su padre las abandonó. Cuando tenÃa 11 años, después de ser violada por un vecino, tuvo que ingresar en una escuela católica de la que se escapó dos años después para irse con su madre a Nueva York, donde vivieron en un burdel de Harlem. Fue allÃ, en la vitrola que habÃa en la casa, donde escuchó por primera vez las canciones de Bessie Smith y de Ma Rainey y empezó a interesarse por el jazz. También fue entonces cuando, después de pasar 10 dÃas en un centro de trabajo en la isla de Blakwell al ser arrestada junto con su madre por ejercer la prostitución, juró que nunca más volverÃa a fregar suelos en la casa de un blanco.
A principios de los años 30 se presentó en un club que buscaba bailarinas. La prueba fue un desastre, pero a instancias del pianista, se atrevió a cantar. Ahà empezó su carrera, aunque no alcanzó la popularidad hasta que, en 1933, el productor John Hammond la introdujo en la orquesta de Benny Goodman con la que tuvo sus primeros éxitos. En los 40, era una estrella. Trabajó con Lester Young (él le puso el apodo de Lady Day), Count Basie y Artie Show y grabó algunos de sus temas más emblemáticos, como el hermoso blues Fine and Mellow y Strange Fruit, uno de los primeros alegatos antirracistas de la historia del jazz.
Sin embargo, a partir de 1950 su vida se vino abajo. Billie, que tomó drogas durante casi toda su vida, fue arrestada por posesión de heroÃna y estuvo 8 meses en prisión. Se convirtió en la yonqui más famosa de los EEUU y sufrió humillaciones constantes: Su tarjeta para trabajar en los clubs de Nueva York fue revocada, lo que le obligó a realizar giras desastrosas por ciudades del sur; las autoridades le exigÃan que se declarara “delincuente” cada vez que entraba y salÃa del paÃs, y además fue vÃctima de una estafa sobre sus ganancias.
Tampoco tuvo mucha suerte con los hombres: su último marido, Louis McKay, un “Justiciero” de la Mafia, dijo de Billie: Todas las mujeres que he tenido eran grandes personas, buena gente. Y ella va por ahà regalándole el coño a cualquiera… yo no trabajo asÃ. ¡Yo me dedico a vender!
En 1959 fue condenada a arresto domiciliario por posesión de narcóticos. Billie, que estaba en el hospital, permaneció bajo custodia policial hasta su muerte por cirrósis hepática el 17 de julio de 1959, a los 44 años de edad.
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