Publicado el Domingo, 2 de Noviembre del 2008 por
Invitada
Rosa, una de nuestras más fieles lectoras, nos envía una receta tradicional,
especial para este día tan señalado.
INGREDIENTES PARA 3 PERSONAS:
-125 cc. de aceite de oliva
-1 trozo de canela en rama
-2 cascaras de limon
-3 cucharadas soperas de matalauva
-375 gramos de harina
-Una pizca de nuez moscada molida
-3 vasos de leche
-4 cucharadas de azucar
-Miel de caña
-2 rebanadas de pan
-5 nueces
PREPARACIÓN:
En una sartén se pone el aceite y se fríe la canela en rama unos minutos, junto con las cascaras de limón, unos trozos de pan pequeños y la matalauva.
Seguidamente se sacan las cascaras de limon, la canela en rama y el pan; se pone a la sartén a fuego lento y, poco a poco, se le echa la harina, revolviendo con una cuchara de madera para que no se hagan grumos.
Después se le añade la nuez moscada, el azucar y la leche, sin parar de remover hasta que se vea la harina un poco tostada (este proceso suele tardar una media hora, más o menos).
Se ponen las gachas en un plato; se les añade el pan frito, la miel y las nueces y se sirve.
Rosa Pérez Repullo

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Publicado el Martes, 12 de Agosto del 2008 por
Invitada
Hoy nos visita Julia Larotonda, una escritora argentina nacida en junio de 1979. Tras cursar 9 años en el Instituto Vocacional de Arte (Ex Lavarden), se licenció en la Universidad de Buenos Aires, donde trabajó en la cátedra de Introducción al guión, y después se especializó como guionista en Guionarte. También fue ayudante del escritor Lito Espinosa en la Escuela Profesional de Cinematografía Eliseo Subiela. Pese a su juventud, ya ha escrito varios documentales, cortometrajes y un largometraje, y acaba de publicar su primera novela. Pero dejemos que sea ella misma la que nos la presente…
Soy Julia Larotonda, escritora, guionista y diseñadora de imagen y sonido. El 1° Julio se publicó mi primer novela, Luz, cámara, acepto, y quisiera compartirlo con ustedes. El libro fue coeditado con el escritor Daniel Guebel quien me presentó en la Editorial Sudamericana, donde tuve como editora a la genial Florencia Cambariere con quien terminamos de pulir todo.

Luz, cámara, acepto nace por una falta: la falta de literatura chick lit porteña; una chik lit local, latina, con sabor. Como muchas chicas de mi edad, consumí Sex and the city, me encantó El diario de Bridget Jones y he leído algún libro de Marian Keyes, pero si bien con ciertas cosas universales de la mujer me siento identificada, hay una realidad que circunda a los personajes que difiere muchísimo de nuestra realidad porteña. Es otro contexto, otros gustos, otra moda, otro lenguaje, otras expresiones de afecto entre amigas… Nosotros tenemos como una viveza criolla que influye hasta en las relaciones sociales. El glamour de una soltera neoyorquina adinerada es muy distinto al de una porteña que recorre las calles del Palermo Soho, rodeada de cuida coches y cartoneros. ¿O no?
Por todos los movimientos inmigratorios que hubo, para mí Buenos Aires mas que una ciudad es una“ensalada”. Es decir, somos como una gran mezcolanza de razas, religiones, colores de piel, ideales, tonadas y costumbres; un híbrido que cuesta mucho amalgamar, por suerte para los nosotros los escritores que encontramos acá miles de conflictos y situaciones cómicas para ficcionar.

En mi novela trato de abordar principalmente el casamiento y la fama. Es la historia de Paloma Dellapenna, una actriz desconocida, procedente de una familia de clase media sin ninguna preferencia religiosa, que en un casting conoce al amor de su vida, un joven de adinerada familia judía llamado Sebastián Fridman, director de cine publicitario con una productora en auge. Aparecen las diferencias religiosas y sociales con todos los problemas que esto acarrea hasta que finalmente llega el ansiado día de la boda.
Unos meses después, Paloma consigue trabajo en la tele y su repentina fama convierte su vida casi en una sátira. Por otro lado, el éxito desenfrenado de Sebastián en su productora, los romances cruzados y la intromisión de los medios en su privacidad generarán situaciones que los llevarán a replantearse aquel amor que los llevó a unirse para siempre. En un abrir y cerrar de ojos, o para ser más exactos, en una vuelta de página, el amor que era eterno puede comenzar a desmoronarse.

Luz, cámara, acepto, tiene además ilustraciones que yo misma hice y que podréis ver en mi blog, Luz, cámara, acepto: Lo que no se dijo en la novela . En este primer mes de existencia lleva vendidos unos 600 ejemplares así que está muy bien para ser una primera novela. Y que más puedo decir, es ágil, fresca y entretenida. ¡Léanla! Espero que les guste.
Julia Larotonda
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Publicado el Miércoles, 30 de Julio del 2008 por
Invitada
De nuevo nos visita Rosa, nuestra lectora habitual, esta vez con una reseña biógrafica sobre uno de sus compositores favoritos.
El 23 de noviembre de 1876 nace en Cádiz Manuel María de los Dolores Falla y Matheu, cuarto hijo de un comerciante originario de Valencia y con ascendencia catalana por vía materna. Con veinte años se trasladó a Madrid para estudiar bajo la dirección de José Tragó, uno de los mejores pianistas españoles de la época, descendiente musical directo de Chopin. Más tarde, también estudio con Felipe Pedrell, que preconizaba el retorno a las fuentes nacionales de la música y la asimilación de la tradición culta europea en un estilo original y auténtico. A esta época pertenecen algunas piezas con influencia de Chopin y Albéniz, arreglos pianísticos de obras de Wagner y zarzuelas compuestas en la tradición italianizante de Barbieri.
De 1907 a 1914 vivió en París, donde frecuentaba a Dukas y Albéniz y se relacionaba con otros músicos, entre ellos Stravinski. Este fue el período clave de su desarrollo, aunque ya entonces mostraba los rasgos básicos de su personalidad. Dos años antes (1095) había ganado el premio que otorgaba la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por la composición de una «ópera española» con La vida breve, sobre libreto de Carlos Fernández, que en 1913 estrenó en el Casino Municipal de Niza, obteniendo un gran éxito. El crítico Vuillermoz calificó la obra en estos términos: «Sin vana literatura ni inútiles ternuras […] con una simplicidad de medios que llega a la sequedad».
En 1919 se trasladó a Granada viviendo en una casa cercana a la Alhambra donde llevó una vida retirada, rodeado de un grupo de amigos entre los que se encontraba Federico García Lorca. En 1936, Falla intentó por todos los medios salvar a Lorca del fusilamiento a manos de las tropas del ejército falangista , aunque no lo consiguió.

En Granada, Don Manuel escribe la música para una obra de teatro de marionetas, El retablo de maese Pedro (1923), y un concierto para clavecín y orquesta de cámara (1926). En estas obras la influencia de la música folklórica es menos visible.
El 28 de septiembre de 1939, después de la guerra civil española y en puertas de la Segunda guerra mundial, Manuel de Falla se exilió en Argentina, a pesar de los intentos de los sucesivos gobiernos del general Francisco Franco, que le ofrecen una pensión si regresa a España. En su exilio argentino subsiste gracias a la ayuda de algunos mecenas o patrocinadores como se les llama ahora entre los que se encontraba la familia Cambó. Vive de forma tranquila en una casa en las montañas, donde su hermana cuida de él, ya que casi siempre estaba enfermo.
Mientras que en sus obras anteriores Falla hacía gala de una extensa paleta sonora, heredada directamente de la escuela francesa, con elementos de honda raíz española, en sus últimas composiciones, su estilo fue haciéndose más sencillo y breve. Los últimos veinte años de su vida, Manuel de Falla los pasó trabajando en la que consideraba había de ser la obra de su vida: la cantata escénica La Atlántida, sobre un poema del poeta en lengua catalana Jacint Verdaguer, que le había obsesionado desde su infancia y en el cual veía reflejadas todas sus preocupaciones filosóficas, religiosas y humanísticas. Continuó trabajando en esta obra tras su exilio a Argentina, pero quedó incompleta y sólo fue terminada, tras la muerte de Falla en 1946, por su discípulo Ernesto Halffter, de acuerdo con los esbozos dejados por el maestro.
Falla fue el único compositor participante en el homenaje dedicado a Góngora en 1927 que sirvió para definir a la generación de poetas. Su amistad con Lorca o Alberti, o su correspondencia con Gerardo Diego, son sólo unos ejemplos de la intensa vida intelectual desplegada por el compositor, el único español después de tres siglos, con Albéniz y Granados, que consiguió renombre internacional, y el más dotado de los tres.
Estas son algunas de las obras más conocidas de Manuel de Falla:
La vida breve: La historia de La vida breve comienza por un concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para premiar, entre otras obras, una ópera en un acto sobre libreto inédito.
El amor brujo: la primera versión se la encargo, la prestigiosa bailaora flamenca Pastora Imperio le encargó una obra a Manuel de Falla, quien la escribió entre 1914-15.
El sombrero de tres picos: es un ballet basado en la novela homónima del escritor decimonónico Pedro Antonio de Alarcón.
Noches en los jardines de España: se escribió entre los años (1876-1946). Don Manuel comenzó esta pieza como un conjunto de nocturnos para piano solo en 1909, pero el pianista Ricardo Viñes le sugirió que transformara los nocturnos en una obra para piano y orquesta.

El genial compositor Manuel de Falla tenía una personalidad un tanto especial, marcada por su gran reserva, timidez y aire de misterio personal, todo lo cual se expresaba en su vestimenta negra. Entre sus múltiples manías se encuentra una fuerte aversión a la suciedad, hasta el punto de tener que desinfectar personalmente con alcohol cada una de las teclas del piano en el que tocaba cuando daba un concierto, por el simple hecho de que había pasado por muchas manos. Tenía fobia a los microbios. Incluso llegó a desarrollar una tendinitis de tanto lavarse las manos.
A pesar de los años que hace que falleció, sus obras hablan de él y de su vida. Cada vez que son interpretadas, su pasión y sus raíces se trasmiten en cada parte de sus obras. Perfeccionista y detallista, adornaba sus partituras con matices y trinos justo en el momento perfecto. Fue un hombre que tuvo la suerte de pertenecer a la generación de 27, un andaluz que nunca olvido donde nació.
Rosa Pérez Repullo
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Publicado el Lunes, 21 de Julio del 2008 por
Invitada
Autora: ROSA PEREZ REPULLO
Rosa es una de nuestras más fieles lectoras. Hoy ha querido compartir con nosotros su opinión respecto del programa de televisión de moda.
Operación Triunfo 2008 es la sexta edición del programa, emitida por tercera vez en Telecinco.Al concurso se presentaron un total de casi 12.000 personas (11.890), de las cuales se seleccionaron 18 concursantes para participar en la gala inicial, en la que solo 16 fueron elegidos; posteriormente se añadió a un concursante reserva. Este año la novedad ha sido la elección de algunos participantes por Internet.
Un año más Risto Mejide (creativo publicitario) es miembro del jurado, y es evidente que si no fuera por sus continuas discusiones con los concursantes este programa no tendría la audiencia que tiene. Hay que mencionar la labor de algunos de los profesores de la academia, que en poco tiempo consiguen verdaderos milagros como es el caso de Angel Llácer y de Manu Guix, este último de un gran talento artístico.
De todos los concursantes de este año solo cuatro han destacado y son:
Chipper Cooke: Es sin duda el que más se ha distinguido este año por su calidad vocal; se merece ganar el concurso.
Pablo López: Aunque tiene una voz bonita sin su piano pierde bastante. Sus continuas discusiones con Risto Megide le han dado una cierta popularidad lo que no es suficiente para ser un buen vocalista.
Virginia Maestro: Destaca por su estilo propio (algo muy importante a la hora de cantar) pero aún tiene mucho que aprender.
Manu Castellano: Quizás el posible ganador de este año por su juventud y porque es evidente que a las quinceañeras les encanta y ellas son las que en definitiva suelen votar en este tipo de programas.
Lo malo es que a estos jóvenes les crean unas falsas esperanzas, haciéndoles ver semana tras semana que ya han conseguido la fama sólo porque el público no les ha expulsado, cuando meses después de haber salido del programa son olvidados por esa misma gente que les votó en su día.
Para conseguir el triunfo algunas de las cosas más importantes son la constancia y los conocimientos -y eso sólo se consigue con el tiempo- aparte por supuesto del talento y un estilo propio capaz de cautivar con el paso del tiempo a cualquier persona. Eso no se logra en un programa de unos meses, en lo que como mucho se consigue grabar un cd de versiones, ya que las canciones originales se tardan años en componer.
En otros programas similares a OT, cómo es el Factor X inglés, se valoró más el nivel vocal de sus participantes, sin tener en cuenta el físico, como en el caso del aficionado a la opera, Paul Potts, que se ganó el corazón de público y jurado, para convertirse en el vencedor de su edición. Eso es algo que deberían tener en cuenta las votantes de Operación Triunfo.
En definitiva, esta clase de realitys son solamente para distraer a la gente joven.
ROSA PÉREZ REPULLO
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