Con seguridad las pasadas Navidades os habrán regalado objetos dignos de convertir en arma arrojadiza. No os preocupéis: antes de ejecutar el cruel veredicto os ruego tener en cuenta no tanto el regalo en sí, sino la persona que lo hizo. Y para decidir qué hacer con ese jersey de reno o ese adorno con luces y sonido, os propongo leer esta historia -previsible y moralista- pero tierna y entretenida.
-¿Una calavera? ¿Por qué? Me pregunto en qué momento el ultraje fue tan grave para merecer un insulto semejante ¿Una burla? No lo creo tan valiente. Entonces, me parece que ya veo el juego: el cráneo es una alegoría del final de nuestra historia. En los últimos tiempos no había disputa que él ganase y claro, eso hace mella en el orgullo, manifiesto enemigo del afecto. O no. Qué digo. Tal vez es peor y este obsequio anuncia lances más temerosos pues podría ser yo ...