El caso Wells es de esas películas que, tras una buena factura -una cuidada fotografía, buen montaje, buenos diálogos- y con grandes intérpretes, esconden un argumento lleno de agujeros. O a lo mejor es coherente y soy yo la que no lo entiende. Porque cuando un violador y asesino exconvicto entra en tu casa con un perro que te ataca, a uno lo que se le ocurre es lavarse la herida e ir en su busca. La pareja protagonista no llama a la policía ni cuando están a punto de matarles, ¿para qué? No vaya a ser que la película fuera un poco realista…
No, ellos son funcionarios del estado que se pasan una vez al mes por casa de los violadores y les hacen rellenar un formulario para tenerles “fichados”, vamos ¡nacidos para ser héroes! De ahí a la pistola y a la paliza, hay un paso. Sí, porque la ...




