Publicado el Jueves, 31 de Mayo del 2007 por
Gloria

Eso piensan los más de 800 hongkoneses que se han adherido a la campaña organizada por una página web que anima a los internautas a enviar al organismo responsable de entretenimiento y televisión (TELA) un formulario pidiendo su censura.
La web advierte en grandes letras rojas que contiene pasajes bíblicos no aptos para menores de 18 años. Según sus admistradores, la lectura del Viejo y el Nuevo Testamento “provoca temblores” por sus historias, tan salvajes como las de cualquier película de terror. No solo su principal protagonista es torturado con todo detalle y colgado en una cruz, lleno de sangre, hasta su muerte. En cualquier parte de la Biblia podemos encontrar incestos, violaciones, canibalismo y violencia.
Por ejemplo, en Jueces, 20-22, un viajero se aloja en una casa. Unos hombres malvados reclaman al dueño que se lo entregue para “conocerlo”. El dueño de la casa les pide que lo respeten: él le ha dado hospitalidad. A cambio, les ofrece entregarles a su propia hija virgen y a la concubina del viajero “y violadlas y haced con ellas lo que os parezca bien a vuestros ojos. ¡Mas a este hombre no le hagáis nada de esa infamia!”
Los malvados se conformaron solo con la concubina. Así que “tomó, pues, el hombre a su concubina y sacóla fuera donde ellos, que la conocieron y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana”. Cuando se levantó su marido para proseguir el viaje, la encontró muerta en el umbral de la casa. Se la llevó a su casa, la partió en doce pedazos y envío uno a cada tribu de Israel.
TELA aún no ha decidido si la Biblia viola las leyes sobre obscenidad e indecencia de Hong Kong. Un pastor protestante local descartó esa posibilidad. El Vaticano y China tienen periódicos roces porque el Partido Comunista quiere tener potestad para nombrar a los sacerdotes, pero el cristianismo está lejos de preocupar a Pekín. Apenas lo practica el 1% de la población china.
La campaña surgió dentro de la polémica por la libertad de expresión (que existe en Hong Kong por el compromiso de China cuando le fue devuelta por el Reino Unido) creada cuando un estudio universitario que incluía una encuesta de contenido sexual fue censurado por obsceno.
La Biblia, según esta web, es mucho más obscena.
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Publicado el Miércoles, 30 de Mayo del 2007 por
YoMujer.com
Autor: Lau
El Objetivo: Comprar SOLO lo que necesitas.
Se acerca el verano y toca pintar la casa, arreglar esos pequeños desperfectos y por supuesto redecorar. Término, dicho sea de paso, inventado por Ikea.
Descubramos qué mas inventos han surgido en Ikea, sólo así venceremos al monstruo. Antes de nada debes saber que IKEA manda, te domina y hemos de estar preparadas. En Ikea trabajan cientos de personas que saben que ese sofá te va a encantar, esa lámpara te vuelve loca y esa iluminación indirecta provoca en ti una necesidad incontrolada de tumbarte en el sofá y pedir una pizza para cenar…
Ikea está dividida en dos plantas: arriba, recreaciones de las estancias de una casa amueblada y abajo el gran bazar de los muebles que anteriormente has podido ver en su entorno.
- El primer error de principiante es coger la “cómoda” bolsa amarilla nada mas entrar. No lo hagas, no la necesitarás hasta llegar a la planta baja. A no ser que quieras pasearte por toda la primera planta con una bolsa vacía.
- Recuerda cuando vayas a comprar el dormitorio entero que los muebles los montas tú.
- Nunca vayas en fin de semana. Si han inventado el miércoles día del dormitorio y el martes y jueves días de la cocina, será por algo… Ir en fin de semana significa guardar cola hasta para acceder a la estantería de bombillas.
- Recuerda cuando vayas a comprar el salón entero que los muebles los montas tú.
- Asegúrate, mediante su web, que hay stock del artículo que vas a buscar. Puedes divertirte también hablando Anna (la dependienta cyber-sueca) que hay en la web.
- Recuerda cuando vayas a comprar la cocina entera que los muebles los montas tú.
- La familia sueca del catálogo no la busques porque no se vende.
Ikea es un lugar apasionante si consigues dominarlo antes de que él te domine a ti, o ¿qué crees? Ellos tampoco ven fácil decorar una casa para 4 personas en 25 metros cuadrados, pero no sé cómo, los muy canallas lo consiguen.
La próxima semana capítulo para avanzadas: desayunar en Ikea, sólo por 1 Euro.
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Publicado el Martes, 29 de Mayo del 2007 por
YoMujer.com

Autor: Alexandra
Los blogs sobre alimentación saludable, deporte y vida sana en general se están poniendo de moda. Hagamos un repaso por la blogosfera.
La cultura hacia la vida saludable está poniéndose de moda (por suerte :P). Y está claro que si en el medio tradicional (prensa escrita, publicidad) nos incitan a llevar una alimentación equilibrada, conocer los riesgos de una dieta abusiva de grasas, practicar algún tipo de deporte al menos 3 días a la semana que nos mantenga en buena forma…. el medio blogosférico no iba a quedarse atrás. Hace unas semanas que la compañía más famosa de red de blogs en español, Weblogs SL, ha lanzado Vitónica, un blog sobre alimentación, deporte y salud con numerosas secciones como Fitness (aerobisc, musculación), Nutrición (Dietas, grasas, proteínas…) o Salud (anatomía, lesiones, prevención…).También podemos encontrarnos con openSportLife, perteneciente a MediosyRedes (reciente fusión de las redes GrupoBlogs y Openblogs), más orientado al mundo del deporte con secciones para todos los gustos sobre actividades al aire libre, deportes extremos, etc.
Fuera de nuestras fronteras también existen blogs sobre vida sana bastante conocidos. Entre ellos me gustaría destacar Fitsugar, un blog perteneciente a una red de blog dirigidas por y para mujeres. Con un diseño muy atractivo nos introducen en el mundo del fitness con consejos, reportajes sobre deportes específicos, imágenes de famosos/as mientras practican su deporte favorito… Todo muy cool y orientado más entretener a la lectora (además de informarla por supuesto).
En fin, que tenemos todo un repertorio de fuentes de información para que este verano estemos en plena forma y nos sintamos espléndidas;) No hay excusas!
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Publicado el Lunes, 28 de Mayo del 2007 por
Olga

Enhorabuena a todas.
LA PUERTA AMARILLA
Autora: Galatea Vuelvo a mi hogar campesino, a la casa de mi infancia, al humilde lugar donde crecí, pleno de carencias pero también de amor, de alegría, de ilusiones de mujer en un cuerpo de adolescente. La grava del sendero apenas se ve: está cubierta por la hierba del olvido, pero se siente crujir bajo mis pies como un resto de pavesas que el tiempo convirtió en cenizas. Me acerco a la puerta cuya madera carcomida por tantos soles y tantas lluvias, aún conserva la antigua pintura amarilla. La enredadera se ha marchitado como mi frente, y sólo queda el tronco del rosal que antiguamente era todo el lujo de la antigua casita. No sé si es mi corazón lo que palpita, o el reloj intemporal de la memoria lo que me hace temblar. No sé si conservo las emociones de antaño, ni si estos pies son capaces de caminar, estos ojos de ver y estas manos de empujar la vieja puerta, pero debo intentarlo. Alargo mi brazo, voy a empujar la puerta; mi mano la atraviesa como si fuera humo.
LOS ZAPATOS DEL ÁNGEL
Autora: didoyeneas15
No había sido muy buena idea la de robarle los zapatos al ángel. No pisó tierra nunca más.
MIS FANTASMAS
Autora: Isadora
Los fantasmas me rondan,pugnan por entrar en mi cerebro,me han perseguido durante años, pero no han logrado entrar. Las voces, las voces me acosan en forma permanente.No les doy importancia trato de no escucharlas, no prestarles atención. En mi noche inalterable nadie es conocido, nadie entra en mi mundo, en algunas pocas oportunidades un destello de luz los hace ver, visten de blanco de pies a cabeza, pero de inmediato la oscuridad me envuelve por completo. Además de sus voces hay otros sonidos, algunos metálicos, otros como suspiros, a veces me siento tironeado, dado vuelta para un lado para otro, siento como me tocan, o por lo menos así me lo parece, siento como si me atravesaran tubos, tubos que entran por mi boca, tubos que salen de mis genitales, sensaciones extrañas, recuerdos borrosos. Oigo gritos, fuertes gritos llamando, ahora si entiendo lo que dicen, tampoco son fantasmas sonoros ni imágenes borrosas vestidas de blanco, son médicos y enfermeras. La puerta de la sala está abierta leo, Terapia intensiva. Vengan rápido, despertó, después de tanto tiempo salió del coma.
Sin título 4
Autora: Violeta
Y de repente mi hermana Leonor se incorporó dentro de su ataúd y me apretó el antebrazo. Lloré de felicidad, pensé que que después de todo Dios había atendido mis plegarias y su muerte no había sido más que una pesadilla. Pero entonces ella soltó una carcajada de ultratumba y dijo todo aquello de que llevaba diez años acostándose con mi marido en mis narices, sin que yo me enterara de nada porque era tonta perdida. Luego volvió a morirse y yo me pasé el resto del velorio con los ojos secos y su mano entre las mías, clavándole el filo de una llave en la palma hasta que cerraron el féretro.
JIRONES DE NIEBLA
Autora: Alyssel
Un búho ululó asustado y alzó el vuelo. Como parida de las sombras, oscura y siniestra, una criatura cobraba forma en la espesura. Las hojas apenas crujieron a su paso, y el bosque pareció contener la respiración cuando la luna iluminó el pelo azabache, las pupilas dilatadas, las garras y colmillos. Comenzaba la carrera. Rápido, ligero, con aire magistral, aquel retazo de oscuridad se encaminó a la aldea más cercana. En las ventanas aún titilaban algunos candiles, proyectando sombras monstruosas. Concentrado, entre tinieblas, apretó el paso. Un callejón, dos, tres… Muchas, demasiadas calles… Y ya estaba allí. Una gran plaza de suelo empedrado se desplegaba ante ella, y al fondo una plataforma de madera humeante izaba cinco vigas chamuscadas. Miró en derredor, aguzó el oído, la mirada atenta, y a paso titubeante comenzó a avanzar. Silencio y cenizas, muchas cenizas. A los buenos católicos les encantaban las cenizas. Casi podía sentir la ira, el horror de aquel lugar conforme se acercaba. No había podido creerlo, no habría podido, de no haberlo visto. Había tanto dolor… El corazón le pesaba en el pecho al comenzar a excavar, a rastrear, desesperado. Finalmente encontró el rubí con forma de cruz entre los escombros. La loba, pesarosa, aulló y desapareció tal como había aparecido, en un jirón de niebla. Lejos de allí una anciana lloraba amargamente. Un tupido velo blanco cubría sus ojos y apretaba una cruz invertida entre las manos, como teñida de sangre.
Sin título 2
Autora: Ariana Avril
Cada vez se hacía más tarde y mi marido no aparecía. Después de varias horas, llegué a la conclusión de que Pablo seguía molesto conmigo por la discusión de la noche anterior. Decidí esperar a que llegara, pero el sueño me vencía y terminé por irme a la cama. En la mañana del sábado esperaba ver a Pablo dormido a mi lado… pero él no estaba en la cama cuando desperté. Creo que pasaron eternas horas en las que estuve sentada, desvanecida, bebiéndome una botella de vino y sumiéndome en un sopor lento. Desperté en algún momento de la tarde, con los codos apoyados sobre la mesa y las sienes húmedas. Fijé la vista en el televisor, que continuaba encendido. Tardé unos minutos en enfocar la pantalla, y después de eso lo vi todo claramente: “Se entregó el hombre que mató a su mujer a golpes tras una discusión”, y la imagen de Pablo, mi Pablo, con las manos esposadas subiendo a un coche policial estacionado frente a nuestra casa. Sólo entonces comprendí muchas de las cosas que habían sucedido (o no) ese viernes. Sólo entonces, me di cuenta de que la persona bajo la sábana, allí, en la camilla, era yo, un despojo de carne y sangre saliendo de la vida, de mi casa a la ambulancia.
¡Enhorabuena! Esperamos vuestros comentarios.
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Publicado el Sábado, 26 de Mayo del 2007 por
Gloria
Eso dice el dicho. Y es que en realidad, Isabel de Segura y Juan Diego de Marcilla nunca fueron amantes. Sólo eran dos chiquillos que jugaban juntos. Vivían uno frente a otro.
Isabel hizo su primer paseo a la fuente cogida de la mano de Diego que, enfundado en su delantal, caminaba tan grave y erguido como un duque Parece que vayan a un baile de palacio, bromeaban las criadas que los seguían. Pero la cosa dejó de tener gracia cuando Isabel tuvo su primera regla. En el siglo XIII las mujeres eran eternas menores de edad y, además de dotarlas con arreglo a su posición y fortuna, un padre que se preciara de tal debía dejarlas “colocadas”, esto es, o bien casadas o monjas. Si no, serían un estorbo para su hermano que sería entonces el indicado por la ley para gobernarlas.El padre de Isabel consideró que ya había demorado demasiado el asunto. Así que empezó a tratar su matrimonio con un buen partido: Pedro Fernández de Azagra, hermano del Señor de Albarracín. Al enterarse, Isabel se quedó blanca. Y en vez de soltar una risita y sonrojarse con las bromas de su madre, echó a correr hacia su cuarto gritando entre sollozos que no quería casarse con ése. El matrimonio se miró con asombro. -Será boba -dijo la madre-. ¿Dónde va a encontrar un caballero mejor.
Al día siguiente, el buen hombre estaba desayunando tranquilamente cuando entró el chico de la casa de al lado y, muy serio, le pidió la mano de Isabel. A punto estuvo de acertarle con el patadón que le mandó. Pero tú eres bobo, pensó. ¿Cómo se te ocurre semejante cosa? Luego se echó a reír. Que salidas tan chuscas tenía el mozo.
Tenía razón. Isabel, además de sus otros encantos, era hija de una importante familia y contaba con la mejor dote de la ciudad. Diego, en cambio, era el segundón de un terrateniente acomodado y desde niño se le había preparado para servir en alguna mesnada. Y una cosa era llevarse bien con los vecinos y otra dar ese salto inmenso en la escala social.
Pero no había forma de sacar a Isabel de la cama. Tenía tiritera y se negaba a comer. Diego, tozudo, juraba y perjuraba que en poco tiempo conseguiría la fama y la fortuna suficientes. El padre de Isabel hubiera mandado a los criados que le pegaran una buena paliza para terminar la cosa. Pero no quería ofender a su vecino, el padre de Diego, un hombre cortés y buen cristiano.
Así que, muy diplomáticamente, le dio largas a la cosa del casorio. Al fin y al cabo, Isabel era aún muy niña; no había prisa por casarla antes de cinco años, cuando ya hubiera cumplido los 17. -Mira, si para entonces has conseguido alzarte hasta ella, yo sería feliz entregándote su mano. Pero si no, tienes que comprender que yo debo casar a mi hija con un hombre que la merezca-, dijo.
El corazón de Diego se llenó de esperanza. Sabía que quedándose en Teruel no conseguiría medrar, así que partió a la guerra de Valencia con el caballo y las armas que le compró su padre. El hombre le vio marchar con tristeza: era aún muy joven. Pero, conociendo a su hijo, quizá fuera lo mejor. Así se olvidaría de Isabel y de todas sus demás tonterías.
Diego partió a la guerra de Valencia y durante algún tiempo solo se recibieron de él noticias sobre batallas, desgracias y princesas moras. Mientras tanto, las conversaciones entre el padre de Isabel y Pedro Fernández avanzaban lentamente: Isabel sostenía con empeño que había hecho el juramento sagrado de esperar a Diego durante cinco años.
El padre de Isabel manejó el asunto con habilidad y, dando como ciertos los últimos rumores sobre la muerte de Diego, fijó la fecha de la boda para el día siguiente a aquél en que se cumplían los cinco años, con lo que a un tiempo logró vencer la resistencia de su hija y calmar la urgencia del de Azagra. Precisamente ese fue el día que eligió Diego para regresar.
Cuando se enteró de que la boda de Isabel acababa de celebrárse, no se lo pudo creer y fue a buscarla a casa de Azagra. Isabel, que tenía noticias de la llegada de Diego desde que salió de la iglesia del brazo de su ya marido, se las había arreglado para salir al jardín un rato, mientras los hombres bebían. Mientras sus amigas entretenían a las ya consuegras, salió al encuentro de Diego.
Al verlo, Isabel se quedó un poco parada. Diego no era tal y como le recordaba. Sus facciones eran más duras y parecía más alto. Algunos dicen que volvió a Teruel rico y al mando de un centenar de hombres; otros que pobre y solo, como un mendigo. Sea como fuere, después del viaje que se había pegado no debía estar en su mejor momento
Diego, en cambio, quedó deslumbrado. Isabel estaba guapísima con sus galas de novia. Tanto que el mosqueo se le quitó de golpe. No sabemos a ciencia cierta que hizo en sus años de aventuras, pero lo que sí es seguro es que había aprendido algo: Los besos en la boca, aparte de ser una guarrada, daban gustirrinín.
-Bésame, Isabel -dijo, cogiéndola bruscamente por la cintura mientras buscaba su boca. Ella se echó atrás, sobresaltada. La educación sexual proporcionada por las ayas era muy deficiente y para Isabel los besos en la boca se entremezclaban misteriosamente con signos de pureza sanguinolentos que el de Azagra reconocería inmediatamente- Pero si me acabo de casar -contestó, confusa.
-No seas boba, mujer. Si te va a gustar -insistió él. A Isabel, desconcertada, se le agolparon en la memoria aquellos cinco años de resistencia pasiva en solitario y, sin poder evitarlo, se puso baturra- Para bobo, tú. A buenas horas apareces -dijo.
Las consuegras reclaman a Isabel y los amantes no tienen tiempo de más. En la puerta de la casa que ahora es la de Isabel, Diego cae fulminado. Su corazón enamorado no ha podido superar el rechazo de Isabel.
Al día siguiente, una mujer velada se presenta en el funeral de Diego. Es Isabel que, resueltas sus dudas en la noche de bodas, se arrepiente de no haberle dado el simple beso que le pedía. Así que se acerca al féretro y, mientras está besando los labios fríos del cadáver, cae desplomada sobre él. Ha muerto de amor.
Era el siglo XIII en Teruel. Si hubiera sido el XXI, el CSI hubiera averiguado rápidamente por qué medio actuó el amor. Quizá un virus extraño contraído por Diego o una malformación congénita de alguna válvula cardiaca. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Pero, aún así, en muchos lugares del mundo todavía siguen muriendo chiquillos solo porque se han enamorado como bobos.
En todos los lugares del mundo donde las mujeres siguen considerándose seres que deben ser gobernados.
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Publicado el Viernes, 25 de Mayo del 2007 por
Olga

Si vais a Roma, es obligatorio pasar por el Campidoglio y visitar el museo público más antiguo del mundo: I musei capitolini.
La plaza donde se ubican estos museos están exactamente detrás de los antiguos foros romanos. De hecho, el edificio del “Tabularium” es en principio romano (196 a.C), aunque ahora tenga un bello caparazón renacentista. En el medievo este edificio, y tantos otros, cae en el olvido, pero una revolución antipapal y el nacimiento de la organización comunal del pueblo romano convirtieron el edificio en una sede para senadores. En el 1299 se edifica el palacio de los senadores en ángulo con el Tabularium y en la época Miguelangelesca se transforman los dos edificios y se crea uno nuevo. De esta forma, la plaza se cierra en trapecio dándole el aspecto que actualmente tiene.
Todo este rollo, es para dar a entender en entorno de estos museos; que no se trata de un edificio corriente para albergar piezas de arte.
Allí encontraréis una colección increíble de arte antiguo, renacentista y barroco.
La entrada es por el “Palazo nuovo” y en el atrio encontamos el pie que vemos en la foto. No sé si os podéis hacer una idea de su tamaño…. es colosal.
Hay escultura, pintura, tapices, cerámica, mosaicos…

Para destacar lo más llamativo:
- Hay dos Caravaggios importantísimos: “La Buenaventura” y “San Juán Bautista”
- Hay bustos antiguos de filósofos como Sócrates.
- Está la “Venus púdica Capitolina” y “Galo moribundo”.

- Está Marco Aurelio y todo lo que ese emperador conlleva…
Es un paseo precioso.
Mi consejo es que vayáis con tiempo… y con el tema un poco estudiado.
Roma… museo en si misma.
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Publicado el Miércoles, 23 de Mayo del 2007 por
Isabel

En la viñetas que adjunto dice: “con tanto periodista aficionado en la red, siempre tengo la sospecha de que me mienten”.
¿Cómo y dónde buscar la verdad? Citemos a los maestros. Álex Grijelmo, escritor y periodista:
“La profesión periodística está registrando ciertos deslizamientos a los que damos poca importancia. Los medios digitales. Los periodistas serios, de medios de comunicación serios, saben que la mejor de las historias y la más veraz investigación se pueden venir abajo por un solo dato erróneo: así como una noticia veraz se convierte en falsa o da apariencia de serlo por culpa de un solo dato falso, una historia falsa puede presentarse como verosímil, y resulta creíble, si se construye con detalles verdaderos.
La ética no es divisible: la línea no debe trazarse entre mentira pequeña y mentira grande, sino entre mentira y verdad”.
Y recordando a otro maestro: Ryszard Kapuscinski (1934-2007) fue autor de una veintena de libros, entre ellos Los cinco sentidos del periodista: estar, ver, oír, compartir, pensar. En 1999 fue nombrado “el mejor reportero del siglo XX” y fue un constante candidato al Nobel de Literatura.
Pensaba (en palabras de Joaquín Estefanía, El País, jueves 25 de enero de 2007), que la revolución tecnológica no debía hacer olvidar los procedimientos tradicionales y opinaba que es paradójico que se nos diga que el desarrollo digital de los medios de comunicación ha conseguido unir a todas las partes del planeta en la globalización (lo que no es cierto porque todavía hay cientos de millones de personas que no tienen contacto con los medios, que viven fuera de su influencia) y, al mismo tiempo, la temática internacional cada vez ocupa menos espacio en esos medios, ocultada por la información local, por los titulares sensacionalistas, los cotilleos, los personajillos y toda la información mercancía.
En el libro citado Kapuscinski dice: “El periodismo es una profesión en la que no se puede dejar nunca de estudiar, pues la actualidad es quien manda sobre lo que se tiene que hablar. Sin embargo, lo que antes era una mera fuente de información, se ha convertido hoy en un instrumento de formación de la opinión pública”.
“El periodismo -sigue diciendo- es una actividad en la que hay que medir las palabras que usamos, porque cada una puede ser interpretada de manera malévola por los enemigos de la gente de la que escribimos: desde este punto de vista nuestro criterio ético debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro. Porque nosotros nos vamos y nunca más regresamos, pero lo que escribimos sobre las personas se queda con ellas por el resto de su vida”.
Con razón decía que 2para ser reportero hay que ser buena persona”.
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Publicado el Miércoles, 23 de Mayo del 2007 por
Gloria
En la biografia aparecido coincidiendo con el primer centenario de su nacimiento, Kate, el lado oscuro de Kate Hepburn (T&B Editores, Madrid, 2007), William J. Mann presenta a la actriz como alguien que desafiaba los cánones del Hollywood dorado por su permanente ruptura de los estereotipos sociales. Pese a ello, Mann asegura no querer destruir su imagen, sino comprender el lugar que ocupa en el imaginario colectivo.
Orgullosa y reservada, al tiempo que generosa y comprometida ( en palabras de Mann) son los rasgos que la convirtieron en una de las figuras del siglo XX. Aunque a eso hay que añadir su fama de insumisa y rebelde, su relación con Spencer Tracy y una belleza salvaje y atemporal. Además, no hay que olvidar su importante filmografía, que le hizo ganar cuatro Oscar (siempre en la categoría de protagonista). Aunque el éxito no siempre la acompañó. Sus principios fueron desastrosos: la primera obra en la que actuó profesionalmente fue un fracaso. Seis meses después, la Hepburn se casó (por primera y última vez) con un miembro de la alta sociedad de Filadelfia. Pero el matrimonio apenas duró un año. La indomable Kate se había cansado de hacer de ama de casa.
Su debut en el cine en 1932 con Doble sacrificio, melodrama dirigido por George Cukor, quien se convertiría en su amigo, consejero y director de confianza. Kukor enseguida se dio cuenta de que estaba ante un mito en ciernes: “No se parecía a los años treinta, sino a si misma. Luego las chicas empezaron a imitarla y la década se pareció a ella“, dijo.
Sin embargo, en 1938 (a pesar de que ya había ganado su primer Oscar) era la primera en la lista de venenos de la taquilla, como llamaban a los actores que no resultaban rentables para ningún estudio.

Los rumores sobre su homosexualidad ya se habían disparado cuando apareció vestida de chico en La gran aventura de Sylvia. Pero cuando llegó el estreno de La fiera de mi niña vivía con una mujer. Además, iba sin maquillar, daba plantones a la prensa y se burlaba abiertamente de la falsa moral de Hollywood. La película fue uno de los fracasos económicos más inexplicables de la historia del cine.
Katharine no se desmoralizó. Simplemente, volvió a Brodway. Allí estrenó la obra que cambiaría el curso de su carrera: Historias de Filadelfia. Fue un triunfo espectacular y además la Hepburn había convencido a Howard Hugues (que entonces era su amante) de que comprara para ello los derechos para el cine.
Cuando quisieron rodar la película, la Metro no tuvo más remedio que ceder a las exigencias de la actriz y la incorporó a su nómina. Sin embargo, la desaprovechó en papeles desastrosos, hasta que el cielo la premió con La costilla de Adán. La Hepburn, una gran mujer de negocios, también había comprado los derechos del guión. La Metro tuvo que doblegarse de nuevo y, además, esta película la emparejó con Spencer Tracy.
Cuando fueron presentados, ella dijo:”Me temo que soy un poco alta para usted“. Él la miró de arriba abajo y contestó: “No se preocupe, miss Hepburn. Yo me encargaré de ponerla a mi altura”. Fue el inicio de una pareja memorable.

Pero, ¿qué clase de relación existió de verdad entre ellos? Spencer Tracy era un actor alcohólico y torturado; eso no parece encajar con la elegante e izquierdista Katharine. Y además, era católico, por lo que nunca se divorció ni llegaron a convivir. Es más, se veían muy poco. Aún así, la actriz asumió su faceta quizá más publicitada: la de amante-enfermera del gran actor.
Tras la muerte de Spencer Tracy, ella siguió rodando películas que han pasado a la historia del cine, como De repente el último verano o El león en invierno. También obtuvo grandes éxitos en Brodway, como Larga jornada hacia la noche, de O’Neill.
Katharine Hepburn siguió actuando casi hasta su muerte, ocurrida a los 96 años. Al día siguiente, todos los teatros de Brodway apagaron sus luces para rendirle homenaje
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Publicado el Martes, 22 de Mayo del 2007 por
YoMujer.com

Un relato erótico de nuestra Rowena Citlali
amo mi cuerpo cuando está con tu cuerpo
e. e. cummings amo mi cuerpo cuando está con mi cuerpo
r. citlali
Desnuda, recostada contra la cabecera de mi cama, contemplo el espejo de mi soledad mientras oigo avanzar uno tras otro los hermosos cuartetos de Beethoven. Entre almohadones bermellón y mullido azul marino veo el cuerpo que soy, miro mi imagen en reposo: el cabello cubriéndome los hombros mojados por la luz de la mañana, la extensión torneada de mis piernas, la piel transpirando mi deseo. El calor veraniego filtra susurros de la calle donde nadie transita el domingo en que te aguardo.
Penélope sin ropa y tumbada sobre el indolente lecho, a la deriva espero a Ulises tejiendo las hondas costuras de mi anhelo. Imagino el peso de su cuerpo sobre el mío, la manera en que habrá de rodear mi cintura con sus brazos, de ceñirme y de besarme; la forma en que lo haré mío por instantes que habrán de ser eternos, su arte de lamerme delicadamente y sin premura, como quien limpiara miel de las alas de una mariposa con su lengua nocturna y refinada.
Imagino su aliento y sus palabras cayendo al laberinto de mi oído, los latidos de su pecho, el bellísimo y enhiesto volumen de su miembro deslizándose en mis manos, en mis senos, en mis labios ávidos y hambrientos. Pienso en su irrupción hasta el final del grito que habré de amortiguar en su manzana de Adán sin otro paraíso que mi cuerpo, sin más travesía que sus jadeos, sin más horizonte que la tierra de fuego de mi sexo.
En la luna del armario, luna llena de tiempo sorprendido, arde mi carnalidad ofreciéndose al verano: mis pezones erectos, mis ingles empapadas, mi boca predispuesta al rompeolas de su verga y al resplandor negro del beso. Contemplo la elástica dureza que habré de perder año con año, pero que hoy está firme y erizada; alzo mis palmas por la curva de mi cuello, y desde mis senos turgentes las conduzco al repliegue secreto de los muslos. Miro el delicado vello que decora el higo entreabierto de mi sexo, más terso ahora y más hinchado. Nada turba la transparencia de esta imagen: yo conmigo excitada, entregada de lleno al placer de acariciarme y al ritual de mirarme acariciarme.
Flexiono las rodillas a la altura de los pechos, me inclino hacia delante para ver el jugoso misterio que palpita y que mis yemas ofrendan, lujuriosas, al tacto del sol de la mañana. Estoy mojada, cautiva en la pasión, ardiente a flor de piel con mi apetito. Admiro la humedad que resbala hasta inundar el remolino del ano, y con mis yemas unto mi almíbar pegajoso y brillante entre las nalgas. Como una gema que se agranda, descubro a la luz el clítoris urgido del roce de otro sexo o de una bífida lengua de serpiente. Veo la enrojecida expresión de mi cara en el espejo situado al pie del lecho donde las sábanas azules como el océano se amontonan, separo al máximo las piernas e introduzco la punta del dedo del corazón. Por dentro me endulzo y por fuera me electrizo hasta el jadeo.
Soy este cuerpo que amo, ese cuerpo que obseva el palpitar de mi reflejo. Soy esa hembra cálida que mis manos recorren con ternura, este deseo que miro frente a frente y que fluyendo hacia sí mismo me seduce al contemplarme, arrastrándome hacia al fondo del estanque que es la luna del armario.
Absorbo el vaho que sube desde el centro de mí, el fuerte olor a finas hierbas que enerva mis sentidos e impregna los compases de música de cámara y gemidos. Podría gritar que amo este aroma a gruesa flor quemada, que adoro el ardiente sabor a mujer sumergida entre diamantes, a piedra que se arroja en las riberas del día y agita el resplandor de mis pestañas.
A solas con mi pensamiento y con mi cuerpo, estoy aquí conmigo acercando los espacios que separan mis ojos de los ojos que me ven desde adentro del espejo. Y sin embargo también hay otras imágenes hendidas, restos de realidad o sueños diurnos, presencias convocadas por la magia de mis dedos. Toco mi suavidad, recorro el borde de mis dos profundas y untuosas cavidades; me aprieto las aureolas endurecidas y, como en la línea de Kavafis, recuerdo a mi cuerpo como agua desbordada en la bella textura de otros cuerpos. La lujosa memoria de mi piel no olvida sus íntimos amores, ni lo que fue temblor de almizcle y leche.
Como en un caleidoscopio vuelvo a ver las pestañas de Claudita tras mi Monte de Venus, chupándome otra vez, a los quince años; el torso de Miguel, su polla dura, la primera que degustaron mi sexo y mi garganta; el pubis depilado de Lorena quemándome de nuevo un día de campo, a campo abierto, en Cuernavaca; los labios carnosos de Carmen y de Pedro hinchándome al unísono la vulva con la ternura de sus lenguas; el falo gigantesco, y del grosor de mi muñeca, de Mariano.
Me detengo en la imagen suculenta de Mariano, en sus tiernos e inútiles esfuerzos por entrar en mi culo sin dañarme para ofrecerme el placer transgresor que yo pedía. Veo mi ano y aún hoy me parece imposible haberlo soportado en esa musgosa estrechez, de haberlo recibido totalmente hasta el vellocino de sus rizos luego de mucho tiempo de intentarlo, un domingo lejano y como éste, primero a cuatro patas abriéndome yo misma con las manos a su empuje. Después boca arriba, con una almohada bajo mis caderas y con los pies relajados en sus hombros, sin lograrlo. Hasta que sentada encima de él fui descendiendo, poco a poco, hasta sentir hervir entre las nalgas el aceite frondoso de su pelvis.
Conseguí con insólita paciencia que su inmensa polla me penetrara por atrás, triunfal y entera, dilatándome con un fugaz dolor que de inmediato se esfumó para transformarse en aullido de placer. Y llegó así por completo al fondo de mi entraña hasta entonces intocada, y desde aquella vez adicta.
Ante este mismo espejo desfallecí gozosa, una y otra vez, flotando en la marea de mi delirio, contemplándome enculada, sudorosa como ahora me contemplo, mientras él estrujaba la fiebre de mis senos y mordía mis hombros y mi nuca, y preguntaba, temeroso de lastimarme si, como él, yo estaba disfrutándolo.
Apretando mi espalda contra su pecho le respondía que sí con susurros que apenas atinaban a salir de mi garganta, al tiempo que yo me acariciaba con ambas manos, o le daba a beber la miel que, como ahora, entonces escurría con abundancia de mis dedos. Los dos reímos al completar aquella hazaña, sin sacar la magnífica enormidad que ahí permaneció albergada y latiendo a lo largo de los estruendosos e incontables orgasmos que supo prodigarme, y de los que mi amiga Paola fue cómplice caliente, jadeante y asombrada boca en mi clítoris que ardía.
Más a fondo introduzco dos dedos, extasiada en la vívida memoria de Mariano, en el recuerdo de sus caricias y de su ronco gemir aferrado a mis caderas, en su olor a madera de roble y a limones, en los embates de la extensa largura de su verga coronada por una cabeza que apenas me cabía entre los labios, en el sabor a durazno de su líquido profuso estallando festivo en el cielo de mi boca. Rememoro también a la dulce Paola y a su cuerpo de grácil bailarina entre mis brazos, a su pubis resbaloso restregándose en el mío, chapoteando las dos, chorreando a mares apretujadas contra la tarde o la fatigada noche, besándonos fogosas, paladeando nuestros coños y devorándonos los culos con las piernas en alto, o aplanando mis senos en el bronce de los suyos como locas magníficas, hasta caer sonrientes en los duros muslos de Mariano.
Cierro los pápados y sostengo la voluptuosa visión de mi cuerpo en otros cuerpos fragmentados en sílabas de fuego. Veo mi espalda arqueándose al suspiro, mis rodillas enmarcando mi cara, mis labios absorbiendo con fruición hilos espesos de líquida blancura, mi coño desgajado en la delicia del galope, la embestida constante martillando mis nalgas, las caderas clavadas entre las mías, mis dedos crispados sosteniendo una cabeza golosa y voraz entre mis muslos, mi dejar de ser yo para ser la que ahora mismo es todas las mujeres, la hembra cadenciosa en el fulgor que me enceguece y confiere su brillo profundo a mis pupilas. Y sé que en el espejo mi imagen prosigue su tránsito en las aguas del recuerdo tocándose por dentro los silencios. Percibo los latidos cada vez más intensos de mi sexo, la cristalina emanación transformada en río de lava que brota de un cráter antiguo y reciente al mismo tiempo.
Intuyo que el reflejo de mi cuerpo se está meciendo febril en su deseo, que al igual que yo tiene los ojos apretados, y se deleita en el roce de las yemas sin querer demadejarse en el orgasmo. Aunque tal vez, en el espejo, mis ojos aún estén abiertos y desde ahí yo traspase hacia este lado, e hincada en la orilla de la cama me espíe vouyerista y minuciosa hundir otro dedo y otro más en el culo, abriendo y presionando los pétalos donde empapa su eréctil lenguaje mi deseo.
Mi boca besa el calor hedonista de los rayos potentes del verano, con el corazón golpeándome los labios que mis dientes mordisquean asiéndose a la vida, celebrando la playa que es mi piel, mi puerto franco.
Soy mi cuerpo desdoblándose en esta soledad donde me miro y no me miras arder, expuesta a la intemperie de mi espejo. Penélope desnuda y vestida por la música de Beethoven, aguardo narcisista a que tú llegues. Y acorde tras acorde voy bordando y destejiendo los estambres del anhelo para hacerte gemir en cada beso, para oírme jadear con tu dureza, para engullir hasta el fondo de mí nuestro naufragio.
Para que tú navegues, el mundo se hará líquido en mi sexo, y este dormitorio –la nave a la deriva que ahora habitan mis últimos fantasmas– será un sólido cuerpo en tu reflejo. Tal vez no me haces falta, lo sé, tal vez no vengas, pero te espero radiante aquí conmigo como el agua de julio en pie de guerra.
Rowena Citlali
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Publicado el Domingo, 20 de Mayo del 2007 por
YoMujer.com
Algunas personas tienen la creencia de que vestir bien, a la moda, con elegancia y buena calidad es sinónimo de ropa y artículos con marca de diseñadores famosos.

No puedo negar que las marcas muy conocidas suelen usar materiales de buena calidad. ¡Sólo faltaría, con los precios que tienen sus prendas!. Pero tampoco debemos afirmar que las desconocidas, o muy normalitas, nos ofrecen malos productos, ya que, precisamente por haber de todo, podemos encontrar ropa, calzado y todo tipo de complementos muy buenos y a unos precios asequibles: todo es cuestión de saber elegir.También es verdad que esas marcas presentan las últimas tendencias de la moda, si bien algunas siguen siempre la misma línea, con pocos cambios. Las otras no se quedan a la zaga, pues la competencia es fuerte y lógicamente, para vender, necesitan estar actualizadas.
No quiero decir con esto que no se compren prendas y artículos de marca, sino que no hay que obsesionarse con vestirse siempre de marca, ya que hay personas que parece que no saben hacerlo de otra manera y, aunque algunas puedan lucir muy bien, otras parecen verdaderos anuncios andantes, que -en mi opinión- resultan chabacanas y horteras.
Es de marca, es bonito. Pues no; hay auténticos atentados al buen gusto también. Y lo que me repatea es el abuso de los precios: me parece una tomadura de pelo muchas veces.
Lo importante es la personalidad: el saber adaptarse a la moda de acuerdo a tu estilo, edad y también a tu cuerpo.
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